Eurax

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cuento corto.- Tres patadas urbanas


-> El Asaltante

El otro día andaba por la calle Ayacucho, la primera cuadra después de atravesar el puente Grau viniendo de la Ejército. Quería ver si ya tenían la versión pirata de doscincuenta de Blindness, la película basada en la novela de Saramago. Pero doble por Bolivar a paso ligero.

En la madrugada, antes de dormir, baje a la cocina a preparar una sopa ramen sabor beef picante. Siempre utilizo la olla más vieja (ya sin su mango) y delgada porque se calienta más rápido. Mientras el agua se calienta, abro el sobre poniendo el paquete seco de fideos en un plato especialmente hondo. Las burbujas en la olla significan que el agua ya esta hirviendo. Rompo el paquete de fideos en cuatro para meterlos con cuidado. El agua esta hirviendo, que jodido debe ser si meto la mano ahí. Debe ser una puta mierda en verdad. En el narrador de cuentos metieron a un cocinero a la olla, cuando el cuentacuentos engañaba a todos con su sopa de piedra. Desollar vivo a alguien, feo viaje. Cuando torturan a gente les cortan los dedos las orejas, incluso puedes cortarle la nariz o los labios ¿Si en alguna agarran dedo por dedo y lo meten a la olla? Sujetas su brazo con esas tenazas para agarrar perros y le obligas a meter la mano; muy jodido dedo por dedo. La piel se ampolla en one, luego revienta se le cae la epidermis... guarda… ¡arggg! hasta que su mano quede como la carne cocida que acompaña al caldo blanco, carne ploma… mierda cuantos gritos, debe ser para loquear, fácil se desmaya de dolor, cuando despierta no le han cortado la mano ploma e imagina que sentiría dolor si hacen que un perro empiece a comérsela Los fideos flotan sobre las burbujas haciendo ondas en la olla, Es todo un sistema ahí adentro.

Ya estoy llegando a la esquina con San Agustín. Drill negro, camisa guinda a cuadros manga larga remangada en dos. Espero un rato. Mucha gente pasa por esta intersección, como mierda en la alcantarilla. Las combis y buses no dejan de transitar. La gente sube baja y se acomoda como puede. Es una desgracia este medio de transporte, una verdadera, casi como ser los menos educados en Latinoamérica. No estoy seguro de que es lo que estoy buscando; técnicamente he venido porque tengo hambre, necesito conseguir dinero, una cartera es la mejor opción. Pero también puedes pescar una mochila. Puedes robar unos lentes o un celular TresG. Buena voz con la comunicación, no solo te acerca, te da de comer. La gente a esta hora todavía anda muy sosa, los más explotados llegaron a las seis o siete, los sosos son los que tienen más chance, los trabajos que abren a las nueve, son mucho mejor pagados. Consecuentemente mejores celulares TresG. Estoy un toque inquieto, Gaps (Gastón) y Roy (Royer) están algo rayados, andan saliendo seguido a golpear gente a lo NaranjaMecánica recontra tercer mundo. Se supone que ahora están tirándose a Jessica pero a las diez van a ir donde Renzo a desarrollar “el plan maestro” que los sacaría de la miseria. Secuestrarían a la hijita del gerente de la Caja Municipal. Fácil les digo que le hiervan un dedo, para ver si de verdad se pone plomo. Seguro y viendo eso y el loquerío que va a armar la chibola se olvidan de violarla; mejor. Bajo y subo por San Agustín, no hay gente robable. Chespi ya esta haciéndose el cojo/manco para picar un poco de la gente. No sé como esconde la huevada.

Ahí viene una chibola, al otro lado de la calle, parece que va a la universidad. Zapatillas polera mochila, de “La Cato” porque esta buena, pelo largo, esta rica la chibola, podría preguntarle si quiere que la viole o que le hierva un dedo. Así seguro coopera. Ni cagando hiervo un dedo en la olla de la sopa. Ya me vio; mucho rato mirando su cola. Sigo de frente nomas, paralelo. Su dedo gordo del pie hervido.

-> La Chibola

Que cojuda que es mi madre, no entiende que no puedo tomar desayuno, ya estoy atrasadísima. Le explico y se enoja. Pero tómate un café aunque sea. No mamá no puedo. Pero por qué no tomas desayuno, después por eso es que te enfermas, y quien es la que tiene que gastar en medicinas, te atrasas en la universidad… Blablabla Así es mi madre ya que puedo a hacer. Puedo no ser como ella, esa es una buena idea. Algo sabio que me hace evolucionar, o ser mejor, mejorar “mejoral” Jajaja. No me ha timbrado este monstruo, seguro que está durmiendo. Si se acuesta a las cinco, pobre monstruo se va a morir. Jajaja. Tengo que imprimir el trabajo del gordo asqueroso de internacional público, lo engraparé nomas, no voy a comprarle file, ni lee, todo lo califica a su sano juicio ¡bah! son de mentira esos exámenes ¡Qué cólera!
Parece que ese chusco que está bajando es un ratero. ¡Aj! qué asco nunca ha visto una mujer en su vida. Esta como idiota mirándome el poto. Eso sí, esta bueno mi poto, ha engordado Jijiji. Mejor avanzo rápido y le muestro que ya me di cuenta que es un ratero. Lo miras con asco nada más. Ahora a esperar la combi. Sí era un ratero, ya está subiendo otra vez por la misma vereda. Es horrible viajar en estos carros. Cuando estaba en el colegio también tenía que regresar en micro, pero por lo menos eran todos grandes como el Enatru. En las mañanas me recogía la señora Meche, ella también era profesora en otro colegio, pero solo de primaria. Así que como no me enseñaba a mí yo solo le decía señora Meche. De regreso tenía que subirme en la Guardia Civil, pero íbamos siempre Diana, Rosita, la hermana menor de Rosita: Ximena y Yo. Yo me bajaba después de Diana; Rosita y su hermana se quedaban viajando 20minutos más. Pero cuando estás en el colegio te sientes más protegida que ahora. Supongo que como todos nos veían uniformadas, alborotadas e inocentes Jijiji, había una conciencia colectiva de protegernos, como si fuéramos sus hijitas o hermanitas. Y nosotras, que no éramos muy tranquilas la pasábamos jugando sin cuidado alguno. Pero una vez que te crece el poto y las tetas, ya nadie te mira como su hijita. Ahora me siento lo más rápido que puedo y pongo la mochila encima de las piernas abrazándola hasta llegar al paradero. No soy una traumada tampoco. Pero más vale prevenir que lamentar. Busco en la bolsa de la polera el ipod nano que me compre hace poco, ya está casi lleno, solo faltan 600megas, hoy voy a viajar escuchando a los Café Tacuba. Voy a mirar a todos los que suban y bajen, los que nos pasen acelerando en sus autos particulares… y ahí va un Gol dorado del 2004, que bonito auto, yo quiero uno así. Motor 1.6 para ahorrar en gasolina. Esta parte del centro es una mierda, ya estamos llegando a siete esquinas.
-> El Volkswagen Gol

Rodrigo murió. Su moto exploto cuando el muy imbécil cayó al río. Ni siquiera sé cuándo es qué compro la moto. Por ningún lado se me cruzo la idea de un Rodrigo motociclista, pero eso fue lo que paso. Aceleró en la pequeña pistera blanquiazul e intento recorrer a pique todo el sendero del río, estábamos a la altura del puente San Martin “el puente de La Cato”, hasta que salió volando y se desplomo todo y moto sobre una roca. Luego de asumir por completo la perdida de Rodrigo, desperté del sueño con una erección matutina de la que no encontré explicación alguna y preferí olvidar por completo lo antes posible.

Hoy no me baño ni cagando, mucho frío. Tengo chamba hasta las 4, son las 8:40am ya estoy algo tarde. Por lo menos ahora que logre cambiar de agencia, el viaje es más rápido. Tengo que llegar en 20min. Y tengo que quedarme ahí unos 8meses más para asegurar los pagos del auto nuevo: Volkswagen Gol / Comfortline 2004 / Motor 1.8 / 4 puertas / Color Dorado / Transmisión Manual.
Si me caso voy a grabar toda la noche de bodas, fácil con 3 o 4 cámaras, una de esas handycam definitivamente. Pero la noche de bodas tiene que ser inmediatamente después de la ceremonia. Creo que eso es lo único que me llama de un matrimonio convencional, el vestido. Eso tiene que ser un polvaso, pero como decía, inmediatamente después de la ceremonia, porque solo así vamos a tener energías para aguantar: viagra, coca, ganjah, lsd, hongos, lubricantes, consoladores, vibradores, anillos y demás accesorios conocidos y por conocer… tiene que haber de todo para elegir, fácil una encerrona de 4 o 5 horas. El vestido no se quita hasta el final. Sólo para ducharse. Después alimentarnos bien y ya salir para cuando la fiesta este poniéndose sucia y guarra Juajajajaja. Ahora que la U. San Pablo esta en estos lares siempre puedo romperme el ojo con las chibolas. Están ricas las chibolas. Eso es lo único de lo que podemos estar orgullosos y a lo que siempre nos acogemos después de reflexionar sobre lo inútil e improductiva que ha sido nuestra generación: Herederos del ADECOA (Asociación Deportiva del Consorcio de Colegios Arequipa). Están ricas las chibolas. Todo el tramo hasta la Marina es para andar a 20 máximo 30 km/h luego ¡juaz! acelerar por toda la Marina hasta el puente Consuelo. A la altura del Bajo Grau esta El Castillo del Diablo jajajaja, era un tambo que ocupa todo un bloque, ahora está lleno gente corrompida; quisiera entrar para corroborar eso. Imaginé algún vez una batalla entre la municipalidad apoyados por la Policía, contra todos los habitantes del tambo. El motivo sería obviamente una expropiación o un desalojo por no cumplir con los mínimos requisitos estructurales que obliga Defensa Civil. Iba a ser un remedo de Guerra Urbana, con pasajes secretos y ubicaciones estratégicas que se debían mantener a toda costa. Doblas en “U” y entras por Palacio Viejo, subiendo hasta Sucre, de frente hasta siete esquinas. Dejo todo el transporte público atrás y subo para la Merced. Guardo el auto en la playa de la que ahora soy abonado y enrumbo al banco.

“Hola, hola, hola” Que bien que aun no hay mucha gente. En la sala de estar siempre hay de uno a tres periódicos en pila sobre la mesita central. Me siento un rato en el sofá de cuero marrón y hojeo El Pueblo. En letras grandes y negras de titular: Secuestran escolar hijo del gerente de Caja Sur. Esta ciudad cada vez está más hecha mierda.

cuento corto.- POR LA GRACIA DIVINA QUE ME DA EL DERECHO A SENTIRME MAL

Dos y media de la tarde, “la hora estúpida”, la casa de la abuela es grande, dos pisos, patio, muchas habitaciones. La empezó a construir cuando mamá tenía doce, creo que antes. En un comienzo toda la urbanización tenía la misma casa, el mismo modelo, por eso eran más baratas. Una especie de proyecto regional (en ese tiempo proyecto departamental) de promoción a la vivienda; ayuda a la nueva clase media pujante. Después de construido el primer nivel el dinero del abuelo se fue, con él. Todavía son tres hermanos: Diego, Elvira y mi madre. El segundo piso tenía que construirse. La abuela trabajaba desde que terminó el colegio (secundaria completa), no fue a la universidad, las mujeres no iban en ese tiempo. Su primer trabajo fue en una oficina de registros, secretaria; luego entró a atención al público, recepcionista. No recuerdo bien si el mismo proceso fue realizado en las demás instituciones donde laboró; de cualquier forma puedo afirmar que fueron varias instituciones. Es más, la abuela sabía sobre los planes que tenía “La comisión por la reconstrucción de Arequipa” (creada después del terremoto del 60) antes de que siquiera fueran discutidos. Al parecer tenía un amorío con uno de aquellos economistas, y se casó con su contador, el abuelo.

Se supone que aún debo tener familiares en Chile. Cuando la abuela se quedó con la responsabilidad de construcción ya no trabajaba en ninguna institución; pero de algún lado, no estoy seguro cómo, adquirió en aquel entonces, la primera noción contrabandista. Viajaba a Chile todas las semanas; compraba ropa, la cruzaba como suya, y la vendía. Debió haber sido un buen negocio en ese momento.


ISIDORO Y MARÍA ---------------------------------------------------------------------> 1959

Cuando murió el papá de la abuela (y al día siguiente su mamá), ella comentaba: “nos dieron la plata, fuimos con Elvira a comprar un pollo a la brasa, una coca-cola y al día siguiente, a pintar”.

Murieron en la casa de la merced; en realidad nunca fue su casa. La alquilaron durante 32 años. En realidad era su casa. La abuela recibió una cantidad considerable de herencia. Con eso se pudo comprar toda la pintura.

Dos y treinta con cuarenta y cinco segundos. Hace cuarenta y cinco segundos que acabo de despertar. Cuando uno tiene cuatro años y no ve a nadie al despertar, TIENE que llorar. Mi madre es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Cuando tenía 27 se casó con un mocoso de 23 (papá), hasta ahora les va muy bien, pero no saben lo que les espera.
Mis padres forman (desde distintos polos) la generación 70’s 80’s. En realidad no es nada especial. Lo que diferencia son los polos, distintos puntos de vista… capital y provincia… aunque en ambos influye el espíritu capitalista que bombea dinámica y constantemente el sueño de comodidades satisfechas. Gracias a dios esto no conforma toda la imagen futura, pues lo excelente del tercermundismo es que aprendes a vivir por sentimiento. Así, evitando convertirse en máquinas productoras de dinero, o en abanderados de la justicia social, es que se abren paso en el escenario.

No sé si es una costumbre heredada del abuelo (del paterno), pero mi padre tiene la tendencia a ser muy patero. Nunca rechaza una cerveza. En determinado momento y lugar (que nadie conoce) apareció Carlos Cuba, y empezaron a hablar.

Es domingo, he despertado justo para almorzar y bajo las escaleras en brazos de mi madre. Nosotros vivimos en el primer piso de la casa de la abuela. Hoy ha venido a almorzar con nosotros la familia de Carlos Cuba. Debe ser mayor que mi papá, pero son igual de grandes. Definitivamente mi madre es más bonita que la esposa de Don Carlos. Sus hijos, Froz (de ocho) y Alejandra (de seis) también han venido. Lo usual es que almorcemos en la mesa de la cocina, pero esta es ocasión especial y la mesa del patio ya esta lista.

Alejandra y Froz están jugando en el patio. Yo también quiero jugar, me muero de ganas, pero algún impulso estúpido (que más adelante será una de las cosas que más odie de mi personalidad) me detiene. Supongo que las falencias aparecen cuando eres niño.

Todos conversan, ambos padres:

- ¿y qué paso con el televisor?
- Pues esta ahí, mirando a la pared, jajaja

Al padre de Alejandra no le parecía correcto que sus hijos vean televisión. Un día regresó de la oficina, entró a la sala, cargó el televisor y lo volteó contra la pared. Creo que es completamente necesario en la vida de todos los niños del globo, ver: el chavo del 8. Y hasta debería de ser parte de la currícula de educación de todos los colegios de todo el mundo.

Yo estaba en las faldas de mi madre. Presumo que le incomodaba mucho tenerme ahí mientras la abuela servía el almuerzo. Así que en un amargo silencio (mientras todos hablaban) me deslizó por sus piernas y se fue a ayudar a la abuela. No pasaron más de dos segundos veinticinco y la esposa de Don Carlos se levantó de la mesa y la siguió.

- Danielito, por qué no vas a jugar con Froz.

Te odié por eso papá. Miré a Froz, me miró; Alejandra miró, y él siguió jugando con ella.
Era una especie de ronda pero de dos, y en vez de dar vueltas en círculos rotaban sobre un eje invisible formado por sus manos. Debe de existir un término que describa de forma más fiel aquel juego, pero para mí era una ronda; una ronda especial. Alejandra perdió el equilibrio y cayó, Froz siguió dando vueltas con los brazos estirados. Los padres nunca dejaron de hablar, y empecé a acercarme.

- Hola – dije con voz fuerte, tratando de disimular el nerviosismo.
- Hola
- Me llamo Daniel Pío Alcazar.
- Yo soy Alejandra
- ¿Quieres ser mi amigo?
- Ya.
- ¿Vamos a jugar?

Yo no podía llevarte de la mano, así que me cogiste del brazo. Atravesamos la sala y llegamos al cuarto vacío a lado de mi cuarto.
Cuanto tiempo puedes estar mirando a una niña sin decir palabra alguna…. Pero a veces pasa, y te sientes tan tonto, que prefieres no decir nada para que no se vaya. Así que tú empezaste a hablar:

- ¿Tienes rompecabezas?
- ¡Sí! – y todo se hizo mucho más fácil.

Los juguetes estaban ordenados en fila contra la pared, y los rompecabezas al comienzo de esta, debajo de los playgos. No eran tan difíciles, solo tenían 10 piezas, así que el desafío supremo era poder armar el de 20 piezas.

Pude haber imaginado millones de cosas, es probable que en realidad sucedieran; de cualquier forma el cerebro se encarga de borrarlas o etiquetarlas como falsos recuerdos, generados, creados, como quieras llamarlo. Si Froz me golpeó, si lloré, si tengo alguna marca de crayón en los hombros del polo y que esté rasgado (increíble, como es que se rasga tela con un crayón, ¡un crayón!); será motivo de una investigación con interrogatorio a todos los familiares presentes.

Hubo una pelea (eso no es un falso recuerdo), tú peleaste con Froz pero nadie pareció notarlo en el almuerzo. Después de eso nuestro juego ya no era en repetición, y si bien nunca recordaré que posibles cosas se podrían haber dicho, la imagen de una ronda especial pasó a ser mía, la sensación de haber estado completamente inconsciente de la lógica de cada movimiento (pero estimándolos como los primeros de una especie que sabes escasea) recién apareció ahí.

No tratamos de alcanzarnos estirando las manos. Tú estabas con el rostro apoyado en el hombro derecho de tu padre. Él miraba al frente, tú hacia atrás.

La discusión fue por el tópico más torpe y manoseado: beneficios laborales. Puede que en el momento en el que sentí avecinarse la carnicería de los incipientes vínculos que nacían de aquel almuerzo, haya buscado tus ojos con desesperación; estoy seguro que ahora lo haría. Pero ahora no existes. Quedamos en silencio, luego todo quedó en silencio.
Ambos se levantaron de la mesa, enojados, asombrados por haber estado ¡hablando! Dos personas tan distintas en todos los aspectos, con principios, convicciones, historia, entregados a la familia… ¡vaya, que distintos! Que intolerantes. La abuela, la esposa y mi madre sorprendidas contra la pared; la mesa vacía, el cigarrillo humeante abandonado en el cenicero, nos recuerda que estamos vivos, que no es una imagen. Y nosotros cargamos con todo. Tú en el hombro, yo al costado. Mirando, alertas a cualquier posibilidad de reconciliación. Froz por delante. Alzamos las manos pero nunca las estiramos. No existen bandas sonoras, pero hay excelente fotografía: la luz de tarde atravesando dispareja por las ventanas. Impregnaremos en nuestra memoria por siempre, que eso jamás ha existido, que solo jugamos, que nunca sostuvimos ese canal entre nuestros ojos. Nunca preguntaremos y nunca nos contaran.
Por la gracia divina que me da el derecho a sentirme mal; es que recreo todo esto. Que las intrincadas circunstancias que nos envuelven, que crearon y dejaron de hacerlo, no van a evitar que suceda, así esta recreación sea a medias. Mi historia como yo la quiera será la tuya, y la tuya, si la creas, será la mía. Buscaremos desesperadamente un refugio en la incertidumbre de lo escrito, escapando del escenario; y ahí nos quedaremos.

cuento corto.- Iron Wana Wanagou Tu Guarangilio Nau

Javier caminaba por la calle San Juan de Dios, en el centro de la ciudad. Andaba con las manos en los bolsillos ensimismado y algo encorvado, bastante en realidad. Pensaba en porqué no sabía el nombre de su especie de árbol favorito. Él sabía desde hace mucho que la flor que más le gustaba era la margarita; pero sabía incluso antes qué especie de árbol le gustaba, estaba en el barrio en el que vivió entre los 11 y 15, esa era la especie favorita.

Era martes de verano alrededor de las 11:39 am. Estuvo sorprendido de su hazaña, normalmente dormía hasta pasado el medio día. El cielo estaba lo bastante nublado como para compararlo con el de Lima, había vivido ahí una temporada cada año o dos, en casa de su tía.

Caminaba, como siempre, con inquietudes. Pasaba de cosas a cosas, como si hubiese comido mucha azúcar; pero contrario a eso, esa mañana tampoco desayunó. Era un dilema para él: él mismo; a veces silbaba, pero la mayor parte del tiempo los pensamientos ridículos eran los relevantes. Pensaba en los problemas familiares de Matías Vicuña. Pensaba en si estaba bien masturbarse con la lencería de su tía. Y si verdaderamente era justificable ir a una 3ra guerra mundial. No creía en la violencia como medio para resolver conflictos, pero la guerra era un evento mundial, algo así siempre es recordado, pasa inmediatamente en los canales de la historia y revoluciona el mundo. El deseo de continuidad estaba permanentemente activo.

Armando y yo estamos en una misión tratando de infiltrarnos en territorio enemigo para señalizar por láser donde están las baterías antiaéreas y que estas sean destruidas por los Raptors. Armando me esta contando sobre una muchacha que intento flirtear estando de permiso cuando ¡Zum! el disparo de una Barret le atraviesa el pecho, la sangre salpica, sus pupilas se contraen, todo dura menos de un segundo y ya esta cayendo pesadamente sobre sus rodillas, ¡paf! cayo su humanidad, parece que una pelota te tenis salio por su espalda. Los lentes con dos gotitas de sangre. Que chucha, es una guerra, gracias al entrenamiento estoy cuerpo a tierra, cubierto. Armando muerto. Tengo que regresar a la base, no se puede completar la misión si el técnico esta muerto. El disparo se realizo desde 1900 metros, imposible hacer algo. Tengo el cuerpo de mi amigo muerto, que mierda hago con él. Me llevaré sus lentes supongo… putamadre.
“Vaya joda” murmura Javier.

Sin enterarse exactamente de cómo, se vio encaminado a la Av. Goyeneche, al parecer en algún momento atravesó el parque Duhammel, tomando luego la calle Perú. Estaba justo enfrente del colegio Nuestra Señora del Rosario. A Javier nunca le gustaron las chicas del Rosario. No sentía preferencia por ninguna camada en particular, pero las del Rosario no le gustaban.
Como típico martes veraniego sin sol, más gente joven pululaba en las calles. El asombro de encontrarse en el lugar menos pensado le hizo dejar su postura encorvada, enderezándose involuntariamente; no se dio cuenta de la muchacha que observó toda la acción desde la otra acera, como quien mira abrirse una ventana o caerse una maceta del balcón.

Una vez en la avenida Javier decidió ponerle fin al asunto de su cabeza, del constante cavilar en huevadas, así que antes de entroncarse en el nuevo dilema “de cómo ponerle fin” recordó la canción amateur que había compuesto un colega de muchos años. La canción se llamaba Huaranguillo, Rodrigo la había compuesto cuando vio una escena por los alrededores que ahora recorría (sin saber cómo) Javier.

Caminaba por la ex casa del Zapallón, con mi primo, y antes de cruzar la avenida para ir a comprar El Gavilán, el tráfico se terminó de congestionar y un colectivo que decía “Huaranguillo - Goyeneche - U. Católica” se detuvo frente a nosotros impidiéndonos el paso. Íbamos a bordearlo pero en eso un gringo que había estado caminando detrás nuestro adelantó acercándose al cobrador con un libro en la mano, supongo que era un diccionario, debe haber sido uno, porque mientras trataba de comunicarse con el cobrador en un lenguaje de muecas faciales y sonidos que tenían solo una semejanza al español, estaba señalando el libro como para que lea el cobrador… no, ahora que lo pienso pudo haber sido una guía turística ¿no? Bueno, el punto es que los dos con toda la atención que pusieron no se entendieron en lo más mínimo y como ya empezaban a andar de nuevo los carros, el cobrador intentaba meter al gringo que se resistía: ¡sube sube sube sube! un brazo ya rodeaba la espalda del gringo…

Algo así era lo que recordaba respecto a la historia del colega Rodrigo, unos bosquejos de la escena y el colectivo Huaranguillo; así que cuando vio pasar una de las unidades descritas, quiso verdaderamente saber dónde mierda estaba Huaranguillo, qué era Huaranguillo. Paso una unidad. No tardaría en llegar otra. Concreto el plan, subiría al susodicho colectivo y averiguaría dónde queda Huaranguillo. Solo preguntaría al cobrador (quizá el mismo que ataco al gringo) cuánto faltaba para llegar.
En 5minutos lo divisó. Con un objetivo claro, estiró el brazo señalándole al conductor su deseo de abordar el vehículo. El cobrador no tenía ninguna intención de abrazarlo, mantuvo el equilibrio sin esfuerzo cuando se reanudo la marcha, y avanzo hasta el asiento parauno al lado de la ventanilla, casi al final. Busco en el Ipod el nuevo disco de Arcade Fire. Play.

¡Putamadre! – murmuro Javier y cerro brevemente los ojos

Antes de llegar al semáforo en el cruce con Octavio Muñoz Najar, se levantó rápidamente de su asiento y se dirigió a la puerta, el carro estaba detenido por los últimos segundos de embotellamiento anteriores al cambio de señales en el semáforo.

Tenía que ir donde Jenny Le explicó al cobrador y se bajo del carro.

cuento corto.- Aun de mañana

Se levanto después de haber bostezado dos veces, después de haberse estirado, encogido, tapado y destapado durante siete minutos con intervalos de cuarenta o cincuenta segundos. Se miro detalladamente en el espejo del baño. La casa estaba vacía. Limpio sus ojos con unos algodones húmedos, el rimel se dispersó hasta desaparecer. Voltea a ver el reloj, las 08:37am. Misa. Sus padres se resignaron a dejarla en casa los domingos (van cinco años de eso) mientras ellos asistían con su hermano de 12 años a la misa de las 08:00am en la iglesia (antes capilla) de la avenida Lambramani. Su cuarto, en el segundo piso de la casa, aun esta lo suficientemente oscuro como para poder dormir una hora más. En esta época del año todo el día anda nublado. Prende la radio, le sube el volumen y baja a la cocina. Parada en medio de la blanca mayólica, la música esta de fondo, como banda sonora de alguna película. Esta inmóvil, tratando de reconocer la canción, hace un gesto de asentimiento y dice en voz baja: – buena banda sonora – y continua con su rutina.
Sin medias, en interiores, con un polo viejo y desteñido, sus cabellos sujetos con una liga formando una cola de caballo. Toma un vaso con agua y dos pastillas para controlar su fase mixta del trastorno, una de risperidona y la otra de olanzapina. Busca el desayuno que como es habitual esta servido en la mesa de diario, en la parte oeste de la cocina. Los huevos y las tostadas están cubiertas con otro plato para tratar de mantenerlas calientes. Esto fue eficaz por 15 minutos, pero ya había transcurrido una hora y Nadia descubrió un desayuno frío y un plato con gotitas de agua en su interior. Agarro el café junto a los huevos y las tostadas y metió todo al horno de microondas. De regreso a la mesa vio un sobre que no había notado momentos antes. Tenia su nombre, el remitente le era familiar: Christian Martínez Alba, sobretodo los apellidos. Esboza una sonrisa. Bip Bip Bip suena el horno de microondas, el desayuno esta caliente otra vez. Deja el sobre en la mesa mientras se dirige a recoger los huevos las tostadas y el café.
Se limpia la boca con una servilleta. Son las 08:52am tiene que limpiar los platos y la taza. Vuelve a revisar el sobre, lo abre mientras se reclina con la silla apoyando el espaldar contra la pared y quedando suspendida parcialmente en el aire, con las patas traseras de la silla en el piso - este es un hábil movimiento – piensa – no creo que muchos puedan hacerlo.

La Carta: en una hoja bond A4 con lapicero azul. Doblada dos veces. Letra pequeña, corrida pero con algunas letras en imprenta. Nadia no se fija en esos detalles. Tampoco percibe que todo lo escrito esta en líneas ordenadas. Como si se hubiese puesto una hoja rayada bajo el papel para que sirva de guía.

Nadia… me gusta mucho ese nombre. Pero supongo que antes de que me gustara el nombre, me gustaron los personajes que lo usaron. En tu caso fue al revés, pues en ese momento a mi ya me gustaba tu nombre antes de que me gustases.

Nadia volteo a ver la hora en el reloj del horno microondas 08:54am. Doblo la carta en dos, no por los pliegues ya existentes, fue brusca y doblo como pudo doblar. Retorno con la silla a una posición más estable para poder levantarse e irse a su cuarto. Subió corriendo las escaleras con la carta y el sobre en la mano izquierda. Entro al cuarto para tumbarse de frente en la cama.

La Carta:

No sé cuan extraño puedas tomar esto, prefiero creer en que vas a poder entender el punto de vista que quiero plantearte. Prefiero creer ilusamente en que las cosas en esta situación, van a terminar, bueno en realidad van a empezar, como he pensado.
Roberto es amigo mío…

Nadia levanto una ceja en un falso ademán de asombro. Trato de ubicar mentalmente al personaje que supuestamente escribía la carta. Recordó a Roberto, recordó las historias de Roberto, en las historias ubico al amigo, solo en las historias pues nunca lo llego a conocer. Reanudo la lectura.

La Carta:

Roberto es amigo mío desde hace años, desde antes que él te conociera, desde antes que yo te conociera… nunca me has visto, nunca te he visto. Te conocí por sus palabras.
En un principio nosotros, los terceros (irónicamente solo éramos tres), escuchábamos las afanosas narraciones de Roberto. Francisco, mi hermano y yo. Francisco acompaño una vez a Roberto a tu casa, de repente lo recuerdas: alto, cabello lacio, tez clara, muy diplomático el chico. A mi hermano lo conociste en el concierto de octubre. Fuiste con Roberto a la zona baja de las graderías, casualmente él también fue, se llama Claudio ¿ya lo recuerdas? Más alto que Francisco, cabello con bucles, tez clara, sonrisa perfecta.

Nadia recordó a los tres terceros y a Roberto – Roberto – dijo en voz baja y completó la relación de descripciones que había empezado a detallar Christian Martínez Alba: - muchacho de huesos fuertes, de gruesos dedos. Un tipo no delgado y moreno. De anteojos, con claros intereses por los juegos de rol y la animación japonesa – Determinó que por una cuestión de justicia equitativa Christian Martínez Alba también debería ser descrito como sucedió con los otros. Bajo la misma premisa también debería estar descrita ella. Así que en un arrebato por la justicia equitativa (pero en si por la necesidad de satisfacer su hobby con el dramatismo) agarró lápiz y papel y creo las fichas de los personajes. – Nadia, dos puntos – declaró en voz alta – muchacha de veinte años, con algún desorden de personalidad, específicamente: Trastorno Bipolar, lo que la hace más interesante e impredecible. Con clases de nado sincronizado todos los martes y jueves por las tardes, y algunos domingos como hoy, por las mañanas. Cabello corto hasta las mejillas y una carrera truncada en la universidad. Autor favorito: Pablo Neruda. Y bueno creo que ya es mucho sobre mí. – Transcribió todo lo declarado y en papeles individualmente separados se encontraban: Claudio con una cara sonriente, Roberto con una cara triste, Francisco con una cara nerviosa y Nadia con un lado de la cara triste y el otro sonriente. Christian Martínez Alba no tenía ficha. Nadia no recordaba alguna descripción detallada o información útil dada por Roberto en sus historias. Recordó que lo hacia mención en varias ocasiones pero nada más. Miro el reloj 09:07am. Volvió a leer.

La Carta:

Bastaron menos de dos meses, no sé exactamente cuando fue, pero llego un momento en el que quise conocerte, en el que solo quería hacer lo que Roberto no se atrevía ha hacer. Quizás no fue eso… Era sentir lo que él sentía.
Y no tienes idea de todo lo que pude crear en esos treinta y seis segundos. Tantas ficciones… ¿Cómo es que puedes planear seis horas de interrelación personal? Cada gesto, las palabras, las preguntas y respuestas, cavilaciones, negativas, evasiones. Planeaba movimientos, sensaciones.

El Reloj:
09:09am.

Comenzó a pasar líneas y así como alguien busca a una persona en especial, de forma apurada y en medio de una muchedumbre, ella solo buscaba aspectos llamativos, especiales. Se detuvo en las palabras que le llamaron la atención pero no para saber el contexto, solo para asegurarse que eran esas palabras y para recordar que en todo lo que había leído estaban esas palabras. Así podría calificar y determinar si leería esa pagina y media (maleducadamente analizada), en ese momento o después.
Se detuvo en: te odie, no puedo odiarte, envidia, radiohead, cinéfilo, abrazados en el taxi. Le gusto la frase: “fumaremos todos los cigarrillos que quieras pero nunca bailaremos”.
Le siguieron: fantasía, sexo (donde se detuvo) y la carta continuo con: te desee.

La Carta:

Te desee cuando él te deseo, te desee más de lo que él te deseo. Te desee más por que desee algo que no era ni remotamente mío. No me sentí mal por Roberto, por que puse mis sentimientos primero. Puede sonar muy egoísta, insensible, hasta inapropiado… pero por eso fue que espere a que llegara ese día, ese ambiguo día que a algunos nos izo tan felices pero que para otros significo el fin del mundo. No quiero que pienses que estoy enamorado de ti. Creo que esas cosas (en la situación en la que estamos) no suceden. Pero si me gustas, me gustan también los momentos que generas. Es solo eso, gusto y empatía. No propongo nada, solo te detallo las cosas. No espero nada, deseo solamente. No, ya no, ya no deseo nada, ahora no. No puedo desear algo si llego a mandar esta tonta carta, un buen personaje menciono que las cartas importantes se tienen que retener por lo menos tres días. Todo el ambiente vil, “traicionero”. Todo se perdería. Así que si estas leyendo estos últimos renglones es por que decidí que era mas sano para mí el que estés informada. O por que también existe la posibilidad que sea un tipo muy pervertido que disfrute sabiendo que por lo menos va a lograr hacer que pienses en él y en las situaciones y momentos que tú le regalaste a través de su amigo.

Ja ja ja ahora releo la carta y ya no puedo distinguir que emociones son exactamente las que expreso, pero de seguro te he distraído en algo o te habré hecho reír. Cuídate.
Ahí nos vemos…
Christian Martínez Alba

Nadia se levanto y de debajo de su cama saco una caja de zapatillas. Puso las fichas de los personajes y la carta de Christian junto a la carta de su hermano y la carta de Francisco. Cartas que llegaron los pasados martes y viernes respectivamente. Carta de su hermano que empezaba con el poema 21 de Pablo Neruda. Carta de Francisco que tenia como primera línea: “No sé como decir esto, pero me gustas”
Miro todo junto, se rió despacio, cogió el teléfono y llamo a Eduardo (un cuarto tercero que ni Roberto conocía) – ¿Puedes recogerme? Tengo entrenamiento a las 09:30am.

cuento corto.- Papeleo

Historias extrañas ocurren siempre en estas oficinas, pero ninguna se compara a: la princesa de los cubículos. Delgada, piel morena y de pelo negro, corto pero largo, usted entiende: el punto inclasificable en el que los adjetivos solo dependen enteramente del subjetivo de la persona.

Si pues, y ella caminaba entre los cubículos destruyendo sospechas con su belleza. Pues que acaso no es obvio: quien pensaría que la princesa tenía tremendo fetiche.
El papel higiénico, de verdad señor el papel higiénico; se agachaba como a quien se le cayo el lapicero y mientras todos miraban la minifalda correr, ella buscaba en los cubos de basura.

¿Una historia de entre miles no? Pero verdadera. El trabajo de cajera (con el que empezó) lo obtuvo por su tía, y quien sabe… a lo mejor esta también tenia algo contra el papel, no losé, pero definitivamente sabia como moverse, pues ya a sus cuarenta y tantos aun seguía en la oficina, y ahora en la de Lima. Si el banco contrata a estas señoritas por el periodo de cinco años por que no quiere pagar seguros, beneficios y más, esta señora había roto las reglas con más de cuatro infracciones (contando una por cada cinco años de servicio) al usual actuar del banco respecto a sus empleados, en verdad tenia que ser alguien especial. Así que la niña, con semejantes referencias tendría que ser seguramente algo especial.

Era una buena inversión para el gerente, cumplía con su “trabajo”, y mantenía despiertos a los clientes y empleados. Pero por favor con esto no quiero que piense que la chiquilla era una especie de idiota en el cuerpo usual de las idiotas, porque no lo era. Ascendió a plataforma después de ocho meses de ser cajera, los de arriba consideraron que seria una buena motivación para los posibles clientes. Y si bien no demostraba su inteligencia o astucia, estoy seguro que la tenía, alguien así de interesante (fetiche al papel higiénico) tiene que ser inteligente, por lo menos el beneficio de la duda no ¿?.

Todos los días la recogía su señor enamorado, que también era un chiquillo con ganas de crecer, ¡y hasta conducía el muchacho! Si… ella se iba feliz con él, sin importarle cuantas miradas tristes dejaba a su paso. Tenían que hacer lo propio, en la camioneta azul o quien sabe donde, pero aplazarlo era casi imposible. Mi descubrimiento le causo perjuicio al enamorado, no era mi intención, no es leal no es correcto, pero era mi premio (algo así dijo ella en voz baja) por comprar mi silencio. Aquel día me quede en mi cubículo un poco más que de costumbre, la mayoría se fue a almorzar al snack de a lado, y los demás no se a donde. Ella en su ignorancia, comenzó su rutina. Cuando se dio cuenta de mi presencia, miro mi rostro sorprendido sin ninguna expresión de asco, decidida se dirigió a mí casi de rodillas: creo que podemos arreglar esto… Yo encima, viendo un rostro lleno de papeles y escuchando sonidos de los más extraños y exóticos empecé a borrar mi memoria.

Ahora se por su cara, que la historia ya le importa, y será aun mas importante cuando le confiese que no termina, por que todavía trabaja en el banco.

cuento corto.- En La Merced con Sta. Marta [¿?]

Quien podría pensar que las cosas se darían de este modo…. mmmm uno que sale a la universidad con las mejores ganas prestando mucho oído a todo lo nuevo, opiniones discusiones, cafés después de las clases, música, the doors, LSD, Lewis Carroll… a veces también en carros. Experimentar. Al final que es lo que te detiene… pues nada, y piensas siempre: ¿pues sino lo hago ahora cuando?, y ahí viene el primero, ya ni recuerdas exactamente como fue, en fiesta drogado y con muchas risas, pero, ¿normal no? Ósea un beso, ya que mas da y no se siente mal. Recuerdas que te gustaba como se vestía tu mama, recuerdas que te quedabas ahí pegadote viendo como ella se estaba viendo, los dos frente al espejo, y sombras y rimel y pestañas (porque estaban de moda las pestañas) Que tal viaje no, un súper flashback de tu primer beso gay y drogado a recordar tus mañoserías de nene. Así pasa cuando eres muy mimado.

Ahora en la mesa a tus 43 y recién con niños de 9, es que la vida es para vivirla tu solito y sin nadie mas. Claro que nunca te alejaste del todo de esas mañas, de esos harapos y las faldas. Y si te casaste fue por que te gusto como se vestía, si hasta te excitas mas de solo verla, a veces con un boxer, con tu boxer y tu muy discreto te pones su lencería, como quien esta jugando nada mas…
En la mesa con tus niños de 9 tu mujer de 33 y sus padres de 56 un poquito mas viejos que tu, fácil y el viejo era de las buenas promociones del colegio, colegio para solo hombres bien machito, y pues si, el viejo resulto bien machito, aunque siempre tenga que escudarse en su vieja mujer y en sus hijas. Tu no te escudas nunca tu siempre sacas la cara, tu eres lo suficientemente machito para fumarte un porro aunque estés en pantimedias eso si que es machito. Pero los viejos padres no comprenderán jamás, así que mejor calladito nomás y a disfrutar de la malaya solo es una cena de las miles que ya tuviste con ellos, de las que tuviste en su propia casa cuando le metías mano por debajo del mantel, cuando le metías mano a su linda y virginal hijita que siempre cuando follaba te decía de perrito de perrito; así es la vida.

El comentario que no querías escuchar, tu amigo el que murió la semana pasada ahora esta como plato de fondo en esta cena familiar, y como le dan, todos pican por aquí y por allá, no van a dejar ni huesos. Javier o Javiera murió queriendo estar más vivo que los presentes en la mesa (con excepción de los niños), murió de lentejuelas, falda corta, sin blusa, con unas tetotas de silicona; en el cruce de La Merced con Sta. Marta. Salvaje ¡salvaje! la molieron a palazos, ni siquiera pudieron gastar una bala los malditos, porque según la necropsia los 23 balazos se los metieron como a los dos días de muerta. ¿Pero que puta tiene el mundo? En que carajos esta pensando cuando deja hacer estas cosas… mira que si Javier no trabajase… y ni por estas por que así sea un vago que acaso no hay 700 000 que están igual solo que sin las tetotas. Tercer mundo, tercer mundo, y si que trabajaba: Mercaderes 402 oficina 306-A, si que trabajaba. Su esposa también sabía vestirse; teníamos el sueño de algún día (o noche) poder verlas a las dos juntitas, ya no se va a poder.

Que más da, un maricón menos / y quien iba pensarlo de Javier / hay hijita con esos nunca se sabe / y como quedaran los hijos /

Ya me da igual. Ni me pone nervioso el que siquiera se enteren de que cosa son aquellos viajes de negocios. Es que no tienen ni la más puta idea; pero por suerte ya estamos en el sobremesa, media hora más de historias viejas sobre El Hipódromo de Porongoche y ya. Acostar a los nenes que si no mañana no se levantan para la escuela, un polvito que todavía jalo y estoy de ganas y mañana fin, a pasear por Umacollo que ya me pasaron la voz: “ahí no jode nadie”

cuento corto.- Borboteo Rojo

Salí temprano de la casa, el sol no quemaba, era un sol cálido, débil. No llevo calzado; la arena al igual que el sol, era cálida y débil, gris. Por el contrario el mar estaba furioso, no creí conveniente caminar muy cerca a la orilla, no quería mojarme los pies. Mi sendero no era un punto medio, sólo era un sendero. Todo estaba desierto, nadie en ningún lado. A lo lejos veía los cangre­jos, grandes y pequeños, correteaban en silencio, por eso me gustaban, nunca podrían producir un sonido más fuerte que el de un goteo en las noches de insomnio. Dibujaban figuras amorfas, su cantidad era impresionante, los únicos dueños del desierto; seguí caminando.

Quinientos metros más adelante las gaviotas, en un ataque sorpresa maqui­nado por algún líder bastante astuto, devastaron con la masa cangregiana (por ponerle algún nombre) y las figuras extrañas que dibujaron con sus patas terminaron siendo la pintura de su cementerio. Pobres cangrejos.

Como vinieron se fueron, me detuve, que pintoresco quedó el gris de la arena, que ahora tenía destellos amarillos y anaranjados, era un oasis en lo rutinario, la mancha en el lienzo. Las entrañas de los can­grejos no se distinguían con los granos de arena, pero sus caparazones destacaban, como lo pudo hacer un tanque abatido en los escenarios de Europa durante la segunda gran guerra. Sí, en definitiva creo que se podría enseñar a los niños (a manera de reconstrucción temporal), como fue el desembarco en Normandía.
Atravesé con cuidado el campo de batalla, por más insignificantes que fueran los pequeños cangrejos, tenía que guárdales algo de respeto.

Seguía solo, el sol aún débil; y yo con ganas de seguir observando y haciendo analogías de aquellos acontecimientos. Un tramo más adelante divisé a las gaviotas, que se agrupaban abalanzándose sobre los cangrejos como una oleada de furiosos cazas stukas, pero fallaron. Al parecer un pequeño cangrejo emprendió la retirada y los otros sin saber siquiera el porqué huyeron tras él, guardándose en sus trincheras subterráneas como las zuricatas, ellas también tienen ese sistema, sólo que más avanzado.

Ya no logré divisar más cangrejos o gaviotas en el horizonte, sin embargo logré distinguir una silueta que supuse era un hombre, estaba estático, debía ser un pescador. Demoré cinco minutos para dejarlo atrás, pero en realidad fueron dos minutos y veintisiete segundos los que tuve para analizarlo. Estaba descalzo igual que yo; unos pantalones remangados a la altura de sus rodillas, una camisa que quizás fue blanca en un comienzo pero que ahora lucía tan percudida que parecía tantalio. Solo tenía dos de los cuatro botones, se podía ver su pecho tan quemado como el resto de su piel; este hombre si que había librado batallas con el sol, seguro que por su causa el sol se encontraba débil esta mañana, era un pecho lampiño como su rostro, rompió con todo concepto estético que tenia en cuanto a los pes­cadores, con toda imagen que Hemingway planteó, sin barba y con la tristeza sobre los hombros, y la verdad que debía de ser basta­nte tristeza, por que la estatura que estimé (metro sesentaicinco) se veía disminuida en quince centímetros por lo encorvado que estaba el pobre tipo. Tampoco usaba una caña de pescar, era un instrumento más simple: un tubo de acero no muy largo con dos anzuelos de cuatro puntas, el tubo estaba sujeto a un nailon bastante fuerte. Su mecanismo era como el de una caña de pescar: se lanzaba mar adentro el tubo con los anzuelos y se tiraba de él. Por más extraño que parezca este arte­facto parecía ser útil, pues ya cinco pececillos se convirtieron en pescadillos bajo la habilidad de aquel viejo, y yacían arenados en una fosa continua.

Abandoné al viejo cautelosamente, evitando que pueda salir dañado por aquel: “su instrumento de caza”, no voltee a ver.

Basura. Ese era el paisaje que me esperaba, un largo trecho de basura, parece que un río desembocara cerca, pero recordé que ningún río desembocaba por esa playa o las continuas, Dios, la gente ocasionó aquel desastre, era en verdad un campo minado, hasta ahora mi caminata era el resumen de una guerra.
Tenía que ser cauteloso, ya conseguí activar por mi osadía tres cargas bastante poderosas, malas decisiones provocaron que al pisar desenterrara restos de comida en una caja descartable.

Eran cerca de cinco kilómetros los que recorrí hasta ese momento.

Yo llevaba unos jeans azules y una mochila, no era grande, de un tamaño promedio. No lentes, sin polo.

Cuarenta metros después de atravesar el basurero y aún en él, sentí un jalón hacia atrás y el frío metal de la hoja de un cuchillo, lo bastante afilado al parecer, pues cortó mi garganta con terrible facilidad. Para mi desgracia la sangre se acumuló en mi garganta, boca y cuerdas vocales, me era imposible gritar, y aunque tratara, estaba en medio de un desierto nadie me escucharía, la única persona que pude ver en toda la caminata fue un anciano, a más de un kilómetro; ¡Eso es! el viejo me estaba asesinando, pero como supo que aún seguía en esa dirección, porque si me hubiera seguido de inmediato podría haber sentido su presencia. Claro mis huellas. Anduve descalzo y no cerca de la orilla, el mar, mi indiferente com­pañero no borró mi rastro... ¡pero un momento!, mi rastro existía desde que abandoné mi hogar al comienzo de la mañana, podría ser cualquiera, alguien que me haya estado esperando ¿cuentas por saldar? ¿a quién deb­ía? ¡la mochila! eso era lo más probable. Él que me haya seguido (el viejo u otra persona) lo hizo por mi mochila, debió pensar que en ella guardaba algo sumamente importante ¿pero y porque simplemente no me asaltó?
Estaba muriendo por un emparedado, una manzana y un refresco.

Se me hizo imposible seguir de pie, empecé a caer, el asesino (sea qui­en sea) cortésmente y sin reparar en la sangre que podría escurrirse de mi garganta y manchar su vestimenta (tenga o no esta, y en el último caso mancharía su cuerpo, cosa que supongo debía ser bastante desagradable) hizo que me apoyara en el para que mi descenso no fuera brusco. Empecé a ver rojo; creo que en ese momento la sangre por algún motivo fisiológico que desconozco empapó mí globo ocular, claro podría ser también que simplemente fueran efectos del delirio, pues de todas formas me estaba muriendo, la sangre no llegaba a mi cerebro y los conceptos figuras y demás sufrían evidentemente un trastorno causando aquella visión roja. En el transcurso que duró mi caída lo único que podía mirar era el corto tramo que me restaba antes de salir del basurero. Como veía en rojo se me hacía difícil distinguir las figuras, pero por azar talvez, logré distinguir a un pequeño perro que hurgaba entre la basura con el fin de buscar comida. Se veía tan descuidado en su as­pecto estético, pero en un completo contraste con su aspecto físico (es irónico) pero el pequeño perro comiendo en la basura se veía bien alime­ntado; y siguió hurgando en ella hasta donde supe pues luego caí a esperar que me termine de desangrar y morir. Tendido sobre la basura una caja de cartón roja no me dejaba ver más allá de su cuadriculada forma.

cuento corto.- de cornetas

Tienes una camisa roja, pártela virtualmente dibujando una cruz, en donde la línea vertical está perfectamente alineada con la franja de botones negros, y la línea horizontal a la altura de la parte inferior de tu esternón. Tienes bolsillos negros cosidos en ambas divisiones izquierdas de tu camisa roja; y solo uno en el espacio superior del lado derecho.
Es una injusticia que aun en estas condiciones no quieran que por lo menos te configures en una guayabera decente. Lo extraño de todo el conjunto es tu gorro. Parece el gorro de algún castrense. Tiene que haber una explicación histórica o comercial del por que un heladero ha de llevar ese tipo de gorros. Espero que no haya sido idea tuya; ser heladero no conlleva tener mal gusto.
Pero toda esa descripción no es nada novedosa. En realidad, esta pertenecería a los 80’s. Pues si te fijas, ahora tus compañeros de carreta, no se parecen en nada a ti. Claro, diferentes empresas; pero en el 85 también habían diferentes empresas pero todos se parecían a ti.

Ahora no le puedes vender a la señora Elvira, bueno, a los nietos de la señora Elvira. Y los nuevos residentes del barrio, miran desconfiados tus helados, salidos de quien sabe donde. Dónde: es la casona en la avenida Goyeneche, que posiblemente haya cobijado 3 generaciones de la misma familia, hasta que el abuelo, tú abuelo, tuvo la brillante idea de hacer helados, y vaya que fue brillante. Las señoras te miraban amablemente concientes que tu presencia calmaría a sus mocosos por 10 minutos.

Tus helados siguen siendo los mismos...

Tendrás que comprar un “libro bolsillo” sobre las ventajas del capitalismo, sus nuevas tendencias y como sacarle provecho a tus bajos costos. Claro, eso si lo quieres todo de vuelta. Pero también puedes ir a la nueva empresa, esa a la que nadie le tuerce los ojos. ¿Quien se atrevería a rechazar tu currículo? 25 años en el negocio. Sabes de sabores, de manipulación infantil, de bolas de helado gratis símbolo internacional de generosidad. Pero ya no esta la señora Elvira para que te recomiende.

Demasiado tarde, ya tocaste la puerta.

Tu gorro, cuya explicación de su uso se remonta a la explicación de tu abuelo: por que ese gorro te dará la autoridad sobre los niños, vas ha estar con ellos, vas a jugar con ellos, pero no puedes ser uno de ellos.
Tu gorro, que dejaste de limpiarlo cuando cumpliste 32, ya no tendrás que usarlo, por que las políticas de la empresa buscan ofrecerle al cliente: los padres; un vendedor de presencia jovial y viva.
Puedes mantener la camisa roja, la limpias, le quitas el único bolsillo de la parte inferior y ya podrás volver a salir los domingos. No desesperes que parece que tu eterno afán con la chica/señorita/señora de 45 que vende los barquillos, se prolongara, pues ella también piensa acoplarse a la nueva empresa, solo que aun no lo sabe.

Ahora solo practica con el pito, que ya no puedes usar la corneta para avisar de tu presencia. Y cuando me mires por la calle, no trates de buscarme la mirada, que mis gustos también se perdieron con el misterio de donde es que salían esos helados y las burlas de los que me veían comerlos.