Se levanto después de haber bostezado dos veces, después de haberse estirado, encogido, tapado y destapado durante siete minutos con intervalos de cuarenta o cincuenta segundos. Se miro detalladamente en el espejo del baño. La casa estaba vacía. Limpio sus ojos con unos algodones húmedos, el rimel se dispersó hasta desaparecer. Voltea a ver el reloj, las 08:37am. Misa. Sus padres se resignaron a dejarla en casa los domingos (van cinco años de eso) mientras ellos asistían con su hermano de 12 años a la misa de las 08:00am en la iglesia (antes capilla) de la avenida Lambramani. Su cuarto, en el segundo piso de la casa, aun esta lo suficientemente oscuro como para poder dormir una hora más. En esta época del año todo el día anda nublado. Prende la radio, le sube el volumen y baja a la cocina. Parada en medio de la blanca mayólica, la música esta de fondo, como banda sonora de alguna película. Esta inmóvil, tratando de reconocer la canción, hace un gesto de asentimiento y dice en voz baja: – buena banda sonora – y continua con su rutina.
Sin medias, en interiores, con un polo viejo y desteñido, sus cabellos sujetos con una liga formando una cola de caballo. Toma un vaso con agua y dos pastillas para controlar su fase mixta del trastorno, una de risperidona y la otra de olanzapina. Busca el desayuno que como es habitual esta servido en la mesa de diario, en la parte oeste de la cocina. Los huevos y las tostadas están cubiertas con otro plato para tratar de mantenerlas calientes. Esto fue eficaz por 15 minutos, pero ya había transcurrido una hora y Nadia descubrió un desayuno frío y un plato con gotitas de agua en su interior. Agarro el café junto a los huevos y las tostadas y metió todo al horno de microondas. De regreso a la mesa vio un sobre que no había notado momentos antes. Tenia su nombre, el remitente le era familiar: Christian Martínez Alba, sobretodo los apellidos. Esboza una sonrisa. Bip Bip Bip suena el horno de microondas, el desayuno esta caliente otra vez. Deja el sobre en la mesa mientras se dirige a recoger los huevos las tostadas y el café.
Se limpia la boca con una servilleta. Son las 08:52am tiene que limpiar los platos y la taza. Vuelve a revisar el sobre, lo abre mientras se reclina con la silla apoyando el espaldar contra la pared y quedando suspendida parcialmente en el aire, con las patas traseras de la silla en el piso - este es un hábil movimiento – piensa – no creo que muchos puedan hacerlo.
La Carta: en una hoja bond A4 con lapicero azul. Doblada dos veces. Letra pequeña, corrida pero con algunas letras en imprenta. Nadia no se fija en esos detalles. Tampoco percibe que todo lo escrito esta en líneas ordenadas. Como si se hubiese puesto una hoja rayada bajo el papel para que sirva de guía.
Nadia… me gusta mucho ese nombre. Pero supongo que antes de que me gustara el nombre, me gustaron los personajes que lo usaron. En tu caso fue al revés, pues en ese momento a mi ya me gustaba tu nombre antes de que me gustases.
Nadia volteo a ver la hora en el reloj del horno microondas 08:54am. Doblo la carta en dos, no por los pliegues ya existentes, fue brusca y doblo como pudo doblar. Retorno con la silla a una posición más estable para poder levantarse e irse a su cuarto. Subió corriendo las escaleras con la carta y el sobre en la mano izquierda. Entro al cuarto para tumbarse de frente en la cama.
La Carta:
No sé cuan extraño puedas tomar esto, prefiero creer en que vas a poder entender el punto de vista que quiero plantearte. Prefiero creer ilusamente en que las cosas en esta situación, van a terminar, bueno en realidad van a empezar, como he pensado.
Roberto es amigo mío…
Nadia levanto una ceja en un falso ademán de asombro. Trato de ubicar mentalmente al personaje que supuestamente escribía la carta. Recordó a Roberto, recordó las historias de Roberto, en las historias ubico al amigo, solo en las historias pues nunca lo llego a conocer. Reanudo la lectura.
La Carta:
Roberto es amigo mío desde hace años, desde antes que él te conociera, desde antes que yo te conociera… nunca me has visto, nunca te he visto. Te conocí por sus palabras.
En un principio nosotros, los terceros (irónicamente solo éramos tres), escuchábamos las afanosas narraciones de Roberto. Francisco, mi hermano y yo. Francisco acompaño una vez a Roberto a tu casa, de repente lo recuerdas: alto, cabello lacio, tez clara, muy diplomático el chico. A mi hermano lo conociste en el concierto de octubre. Fuiste con Roberto a la zona baja de las graderías, casualmente él también fue, se llama Claudio ¿ya lo recuerdas? Más alto que Francisco, cabello con bucles, tez clara, sonrisa perfecta.
Nadia recordó a los tres terceros y a Roberto – Roberto – dijo en voz baja y completó la relación de descripciones que había empezado a detallar Christian Martínez Alba: - muchacho de huesos fuertes, de gruesos dedos. Un tipo no delgado y moreno. De anteojos, con claros intereses por los juegos de rol y la animación japonesa – Determinó que por una cuestión de justicia equitativa Christian Martínez Alba también debería ser descrito como sucedió con los otros. Bajo la misma premisa también debería estar descrita ella. Así que en un arrebato por la justicia equitativa (pero en si por la necesidad de satisfacer su hobby con el dramatismo) agarró lápiz y papel y creo las fichas de los personajes. – Nadia, dos puntos – declaró en voz alta – muchacha de veinte años, con algún desorden de personalidad, específicamente: Trastorno Bipolar, lo que la hace más interesante e impredecible. Con clases de nado sincronizado todos los martes y jueves por las tardes, y algunos domingos como hoy, por las mañanas. Cabello corto hasta las mejillas y una carrera truncada en la universidad. Autor favorito: Pablo Neruda. Y bueno creo que ya es mucho sobre mí. – Transcribió todo lo declarado y en papeles individualmente separados se encontraban: Claudio con una cara sonriente, Roberto con una cara triste, Francisco con una cara nerviosa y Nadia con un lado de la cara triste y el otro sonriente. Christian Martínez Alba no tenía ficha. Nadia no recordaba alguna descripción detallada o información útil dada por Roberto en sus historias. Recordó que lo hacia mención en varias ocasiones pero nada más. Miro el reloj 09:07am. Volvió a leer.
La Carta:
Bastaron menos de dos meses, no sé exactamente cuando fue, pero llego un momento en el que quise conocerte, en el que solo quería hacer lo que Roberto no se atrevía ha hacer. Quizás no fue eso… Era sentir lo que él sentía.
Y no tienes idea de todo lo que pude crear en esos treinta y seis segundos. Tantas ficciones… ¿Cómo es que puedes planear seis horas de interrelación personal? Cada gesto, las palabras, las preguntas y respuestas, cavilaciones, negativas, evasiones. Planeaba movimientos, sensaciones.
El Reloj:
09:09am.
Comenzó a pasar líneas y así como alguien busca a una persona en especial, de forma apurada y en medio de una muchedumbre, ella solo buscaba aspectos llamativos, especiales. Se detuvo en las palabras que le llamaron la atención pero no para saber el contexto, solo para asegurarse que eran esas palabras y para recordar que en todo lo que había leído estaban esas palabras. Así podría calificar y determinar si leería esa pagina y media (maleducadamente analizada), en ese momento o después.
Se detuvo en: te odie, no puedo odiarte, envidia, radiohead, cinéfilo, abrazados en el taxi. Le gusto la frase: “fumaremos todos los cigarrillos que quieras pero nunca bailaremos”.
Le siguieron: fantasía, sexo (donde se detuvo) y la carta continuo con: te desee.
La Carta:
Te desee cuando él te deseo, te desee más de lo que él te deseo. Te desee más por que desee algo que no era ni remotamente mío. No me sentí mal por Roberto, por que puse mis sentimientos primero. Puede sonar muy egoísta, insensible, hasta inapropiado… pero por eso fue que espere a que llegara ese día, ese ambiguo día que a algunos nos izo tan felices pero que para otros significo el fin del mundo. No quiero que pienses que estoy enamorado de ti. Creo que esas cosas (en la situación en la que estamos) no suceden. Pero si me gustas, me gustan también los momentos que generas. Es solo eso, gusto y empatía. No propongo nada, solo te detallo las cosas. No espero nada, deseo solamente. No, ya no, ya no deseo nada, ahora no. No puedo desear algo si llego a mandar esta tonta carta, un buen personaje menciono que las cartas importantes se tienen que retener por lo menos tres días. Todo el ambiente vil, “traicionero”. Todo se perdería. Así que si estas leyendo estos últimos renglones es por que decidí que era mas sano para mí el que estés informada. O por que también existe la posibilidad que sea un tipo muy pervertido que disfrute sabiendo que por lo menos va a lograr hacer que pienses en él y en las situaciones y momentos que tú le regalaste a través de su amigo.
Ja ja ja ahora releo la carta y ya no puedo distinguir que emociones son exactamente las que expreso, pero de seguro te he distraído en algo o te habré hecho reír. Cuídate.
Ahí nos vemos…
Christian Martínez Alba
Nadia se levanto y de debajo de su cama saco una caja de zapatillas. Puso las fichas de los personajes y la carta de Christian junto a la carta de su hermano y la carta de Francisco. Cartas que llegaron los pasados martes y viernes respectivamente. Carta de su hermano que empezaba con el poema 21 de Pablo Neruda. Carta de Francisco que tenia como primera línea: “No sé como decir esto, pero me gustas”
Miro todo junto, se rió despacio, cogió el teléfono y llamo a Eduardo (un cuarto tercero que ni Roberto conocía) – ¿Puedes recogerme? Tengo entrenamiento a las 09:30am.
Sin medias, en interiores, con un polo viejo y desteñido, sus cabellos sujetos con una liga formando una cola de caballo. Toma un vaso con agua y dos pastillas para controlar su fase mixta del trastorno, una de risperidona y la otra de olanzapina. Busca el desayuno que como es habitual esta servido en la mesa de diario, en la parte oeste de la cocina. Los huevos y las tostadas están cubiertas con otro plato para tratar de mantenerlas calientes. Esto fue eficaz por 15 minutos, pero ya había transcurrido una hora y Nadia descubrió un desayuno frío y un plato con gotitas de agua en su interior. Agarro el café junto a los huevos y las tostadas y metió todo al horno de microondas. De regreso a la mesa vio un sobre que no había notado momentos antes. Tenia su nombre, el remitente le era familiar: Christian Martínez Alba, sobretodo los apellidos. Esboza una sonrisa. Bip Bip Bip suena el horno de microondas, el desayuno esta caliente otra vez. Deja el sobre en la mesa mientras se dirige a recoger los huevos las tostadas y el café.
Se limpia la boca con una servilleta. Son las 08:52am tiene que limpiar los platos y la taza. Vuelve a revisar el sobre, lo abre mientras se reclina con la silla apoyando el espaldar contra la pared y quedando suspendida parcialmente en el aire, con las patas traseras de la silla en el piso - este es un hábil movimiento – piensa – no creo que muchos puedan hacerlo.
La Carta: en una hoja bond A4 con lapicero azul. Doblada dos veces. Letra pequeña, corrida pero con algunas letras en imprenta. Nadia no se fija en esos detalles. Tampoco percibe que todo lo escrito esta en líneas ordenadas. Como si se hubiese puesto una hoja rayada bajo el papel para que sirva de guía.
Nadia… me gusta mucho ese nombre. Pero supongo que antes de que me gustara el nombre, me gustaron los personajes que lo usaron. En tu caso fue al revés, pues en ese momento a mi ya me gustaba tu nombre antes de que me gustases.
Nadia volteo a ver la hora en el reloj del horno microondas 08:54am. Doblo la carta en dos, no por los pliegues ya existentes, fue brusca y doblo como pudo doblar. Retorno con la silla a una posición más estable para poder levantarse e irse a su cuarto. Subió corriendo las escaleras con la carta y el sobre en la mano izquierda. Entro al cuarto para tumbarse de frente en la cama.
La Carta:
No sé cuan extraño puedas tomar esto, prefiero creer en que vas a poder entender el punto de vista que quiero plantearte. Prefiero creer ilusamente en que las cosas en esta situación, van a terminar, bueno en realidad van a empezar, como he pensado.
Roberto es amigo mío…
Nadia levanto una ceja en un falso ademán de asombro. Trato de ubicar mentalmente al personaje que supuestamente escribía la carta. Recordó a Roberto, recordó las historias de Roberto, en las historias ubico al amigo, solo en las historias pues nunca lo llego a conocer. Reanudo la lectura.
La Carta:
Roberto es amigo mío desde hace años, desde antes que él te conociera, desde antes que yo te conociera… nunca me has visto, nunca te he visto. Te conocí por sus palabras.
En un principio nosotros, los terceros (irónicamente solo éramos tres), escuchábamos las afanosas narraciones de Roberto. Francisco, mi hermano y yo. Francisco acompaño una vez a Roberto a tu casa, de repente lo recuerdas: alto, cabello lacio, tez clara, muy diplomático el chico. A mi hermano lo conociste en el concierto de octubre. Fuiste con Roberto a la zona baja de las graderías, casualmente él también fue, se llama Claudio ¿ya lo recuerdas? Más alto que Francisco, cabello con bucles, tez clara, sonrisa perfecta.
Nadia recordó a los tres terceros y a Roberto – Roberto – dijo en voz baja y completó la relación de descripciones que había empezado a detallar Christian Martínez Alba: - muchacho de huesos fuertes, de gruesos dedos. Un tipo no delgado y moreno. De anteojos, con claros intereses por los juegos de rol y la animación japonesa – Determinó que por una cuestión de justicia equitativa Christian Martínez Alba también debería ser descrito como sucedió con los otros. Bajo la misma premisa también debería estar descrita ella. Así que en un arrebato por la justicia equitativa (pero en si por la necesidad de satisfacer su hobby con el dramatismo) agarró lápiz y papel y creo las fichas de los personajes. – Nadia, dos puntos – declaró en voz alta – muchacha de veinte años, con algún desorden de personalidad, específicamente: Trastorno Bipolar, lo que la hace más interesante e impredecible. Con clases de nado sincronizado todos los martes y jueves por las tardes, y algunos domingos como hoy, por las mañanas. Cabello corto hasta las mejillas y una carrera truncada en la universidad. Autor favorito: Pablo Neruda. Y bueno creo que ya es mucho sobre mí. – Transcribió todo lo declarado y en papeles individualmente separados se encontraban: Claudio con una cara sonriente, Roberto con una cara triste, Francisco con una cara nerviosa y Nadia con un lado de la cara triste y el otro sonriente. Christian Martínez Alba no tenía ficha. Nadia no recordaba alguna descripción detallada o información útil dada por Roberto en sus historias. Recordó que lo hacia mención en varias ocasiones pero nada más. Miro el reloj 09:07am. Volvió a leer.
La Carta:
Bastaron menos de dos meses, no sé exactamente cuando fue, pero llego un momento en el que quise conocerte, en el que solo quería hacer lo que Roberto no se atrevía ha hacer. Quizás no fue eso… Era sentir lo que él sentía.
Y no tienes idea de todo lo que pude crear en esos treinta y seis segundos. Tantas ficciones… ¿Cómo es que puedes planear seis horas de interrelación personal? Cada gesto, las palabras, las preguntas y respuestas, cavilaciones, negativas, evasiones. Planeaba movimientos, sensaciones.
El Reloj:
09:09am.
Comenzó a pasar líneas y así como alguien busca a una persona en especial, de forma apurada y en medio de una muchedumbre, ella solo buscaba aspectos llamativos, especiales. Se detuvo en las palabras que le llamaron la atención pero no para saber el contexto, solo para asegurarse que eran esas palabras y para recordar que en todo lo que había leído estaban esas palabras. Así podría calificar y determinar si leería esa pagina y media (maleducadamente analizada), en ese momento o después.
Se detuvo en: te odie, no puedo odiarte, envidia, radiohead, cinéfilo, abrazados en el taxi. Le gusto la frase: “fumaremos todos los cigarrillos que quieras pero nunca bailaremos”.
Le siguieron: fantasía, sexo (donde se detuvo) y la carta continuo con: te desee.
La Carta:
Te desee cuando él te deseo, te desee más de lo que él te deseo. Te desee más por que desee algo que no era ni remotamente mío. No me sentí mal por Roberto, por que puse mis sentimientos primero. Puede sonar muy egoísta, insensible, hasta inapropiado… pero por eso fue que espere a que llegara ese día, ese ambiguo día que a algunos nos izo tan felices pero que para otros significo el fin del mundo. No quiero que pienses que estoy enamorado de ti. Creo que esas cosas (en la situación en la que estamos) no suceden. Pero si me gustas, me gustan también los momentos que generas. Es solo eso, gusto y empatía. No propongo nada, solo te detallo las cosas. No espero nada, deseo solamente. No, ya no, ya no deseo nada, ahora no. No puedo desear algo si llego a mandar esta tonta carta, un buen personaje menciono que las cartas importantes se tienen que retener por lo menos tres días. Todo el ambiente vil, “traicionero”. Todo se perdería. Así que si estas leyendo estos últimos renglones es por que decidí que era mas sano para mí el que estés informada. O por que también existe la posibilidad que sea un tipo muy pervertido que disfrute sabiendo que por lo menos va a lograr hacer que pienses en él y en las situaciones y momentos que tú le regalaste a través de su amigo.
Ja ja ja ahora releo la carta y ya no puedo distinguir que emociones son exactamente las que expreso, pero de seguro te he distraído en algo o te habré hecho reír. Cuídate.
Ahí nos vemos…
Christian Martínez Alba
Nadia se levanto y de debajo de su cama saco una caja de zapatillas. Puso las fichas de los personajes y la carta de Christian junto a la carta de su hermano y la carta de Francisco. Cartas que llegaron los pasados martes y viernes respectivamente. Carta de su hermano que empezaba con el poema 21 de Pablo Neruda. Carta de Francisco que tenia como primera línea: “No sé como decir esto, pero me gustas”
Miro todo junto, se rió despacio, cogió el teléfono y llamo a Eduardo (un cuarto tercero que ni Roberto conocía) – ¿Puedes recogerme? Tengo entrenamiento a las 09:30am.