Eurax

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cuento corto.- Lagunas en medio de la carretera

Intrigado por aquellas lagunas en medio de la carretera, Javier le comento a su padre: ¿Papá de donde sale el agua que esta en la pista?

Su padre recordó cuando hizo la misma pregunta, la explicación del abuelo, y respondió: Son espejismos, lo peor que dios puso en la tierra, ellos te engañan. En realidad no hay agua. ¿Quieres que te cuente sobre espejismos?, Bueno pues, pero pásame una botella de agua, ¿Cuántos años tienes ahora? – Diez – ¡Diez! ¿Y tan grande? Te creía de quince ja ja ja. El chiquillo lo miro enojado. Cuando tenía veintidós años tu abuelo me encargo llevar dinero para la abuela Martha. – ¿La gorda? – Si… la gorda. Era la primera vez que viajaba solo por carretera. – ¿Y tenias miedo? – No… ¡pero ya déjame contar! Cuando estaba en el desierto, así como ahora, solo que sin tanto camión. El carro de tu abuelo sobrecalentó y tuve que parar. – ¿Qué es sobrecalentar? – Es cuando se malogra el carro; eso no importa. En eso vi que venia una chica muy bonita, pero cuando te digo que era muy bonita es por que era muy bonita. – ¿Tan bonita como mi mamá? – No, tan bonita no. Y pensó: “era más bonita que el cielo”

Silencio

¿Y que paso? – ¿De que? – Con la chica pues papá – ¡Ah! nada, cuando creí faltaba poco para que me alcance desapareció – ¿Desapareció? – Sí, desapareció – ¿Así como si fuera una maga? – ¡igual que una maga! – ¿Y tú que hiciste? – Me subí al carro y me fui – ¿Pero si el carro estaba malogrado? – ¡Pero lo arregle! – ¿Cómo? – Eso no importa.

Segundo silencio


Papá – ¿Qué? – ¿Y el cuento sobre espejismos? – Que no te lo acabo de contar – Ah… ¿ese era? – Entre carcajadas ¿Y que esperabas?, que se me aparecieran los Tondercats

cuento corto.- Cholines

Tenia menos de un mes en la nueva casa, me gustaban sus calles viejasviejotas casi abandonadas y tan modernas. Tienen muy buen contraste, un edificiote con cochera en el sótano, elevador y demás, entre la huerta del bisabuelo de Dean y “La Cuesta del Ángel” un pasaje colonial; a todos les gusta como suena “Cuesta del Ángel”… si pues no suena mal.

Ahí grandote, lujoso y moderno. Me gustaban sus calles así que caminaba por ellas.

Regresaba de casa de Diana pseudofiesta cumpleañera, comimos bien, se entono el infaltable “Cumpleaños Feliz” y todos escaparon una vez terminada la torta. No pienso dar detalles sobre la fiesta porque fue muy aburrida y en realidad no tiene nada que ver con esta historia, solo constituye un preludio para ubicarlos en escenario.

Escenario: Umacollo-Yanahuara.

Naturalmente no tenía dinero; eran cerca de 7 u 8 canciones lo que demoras en llegar a la universidad desde mi casa. La casa de Diana esta cerca de la universidad, pero el camino de regreso es en subida, una diabólica pendiente que por su longitud y constancia estoy seguro y doy por cierto – sin exagerar – que era mucho más destructiva que una pendiente cualquiera de 45º miserables grados. Entonces, las canciones con suerte podrían seguir siendo 7 u 8 por ser menor la distancia o incrementarse a 10 u 11 por la pendiente. Pero andaba feliz, con viento helado que te cristaliza los mocos aun dentro de tu nariz. Las calles estaban vacías pero no era muy tarde, los perros sindicalizados barrían con toda bolsa negra de basura. Dueños de pistas, veredas, patios desprotegidos. Era increíble, la ciudad había sido tomada por perros. Por suerte (o mala suerte) fue rápido. Aunque en el resto de la caminata tuve encuentros con otras pandillas locales, de perros.

Cuando estaba en la cuarta cuadra de la calle Zela, a pocos minutos de llegar a mi reciente hogar, mi lengua y la situación se volvieron incontrolables, querían un cigarrillo, así que Yo también terminé queriendo un cigarrillo.

El 23 de febrero del 2005 en el bus Nº 45 del transporte público de Orange County California, subió “Jimmy Poop – the dumb whiteguy” y con una habilidad desconocida para saber quien tiene o no tabaco le pregunto a Javier (my roommatte) si le podía invitar un cigarrillo, a lo que mi amigo, desconcertado, respondió afirmativamente entregándole el cigarrillo que guardaba en el bolsillo bordado de la camisa.

Ahora, en la cuarta cuadra de la calle Zela, a pocos minutos de un reciente hogar, mi habilidad adquirida en el reconocimiento de tabaco, hizo frenar mi paso y preguntar a dos tipos que sobresalían como anexos de una casa. Ellos tomaban ron, no me gusta el ron. Tipo A me ofreció el cigarrillo prendido que sostenía en la mano, ya no le quedaba más que ese; aprecie el gesto. Pero Tipo B ya estaba ebrio y yo no conté con eso. Empezó a interrogarme: ¿Tú de donde eres? ¿Qué quieres? Yo no te he visto nunca por acá. Tipo A se despidió cortésmente y me dejo sosteniendo la botella de ron; supuestamente eran primos y estaban libando ron por el gusto de libar ron o por la mudanza reciente que tuvo su primo, que despechado con su familia cogió sus cosas y enrumbo a la cochera/casa donde pregunte por el cigarrillo, donde todavía seguíamos parados solo dos personas, una que no estaba alcoholizada y otra que me interrogaba. Yo me acabo de mudar pero el no escuchó mis palabras. Yanahuara esta dividida en Bajo Yanahuara y Alto Yanahuara – empezó a explicarme – en Bajo Yanahuara vive El Negro, Froz, Carla, El Cholin, pero toma sírvete un trago, no sírvete. En Alto Yanahuara vive toda la gente nueva y con plata. Antes había muchas broncas entre ambos, ¿Tú de donde eres? Yo me acabo de mudar acá – respondí señalando con mi mano libre al final de la Calle, luego sorbí un poco de ese horrible ron – Ah ya… querías cigarros, yo ya no tengo pero vamos a comprar a la avenida – no puse objeción – ¿Cuanto tienes?

Caminamos hacia la avenida, desanudando los pasos que tuve que recorrer minutos antes cuando únicamente me consolaba la idea de encontrar mi tibia cama y la difusa alegría inicial de mi caminata. Yo conozco a todos en Yanahuara, sino pregúntale a quien quieras por El Tibu – supongo que era Tibu por tiburón, pero en el estado en el que lo encontré parecía más un lenguado, con la cara toda aplanada efecto del profuso alcohol idiotizante y relentizador que llevaba en la sangre – ¿Cuánto tienes?. La Tienda en la avenida estaba abierta porque su giro empresarial era la venta de licores y todavía no era tarde para seguir vendiendo licores. La habilidad del lenguado para regatear cigarrillos me asombro de sobre manera. Mientras se movía con la gracia de su especie argüía la importancia de fiarse en la gente conocida, la gente del barrio, confianza que era tan necesaria en estos tiempos de desvaloración (por la falta de valores). La Tienda por su lado se aferraba al fundamento del auge tercearizario Yo no soy el dueño, sino con gusto te daría más, pero no puedo, tu sabes como es El Lenguado no soltaba ni un poquito y maniobraba con sus fundamentos y gracias Como no me vas a dar uno mas si solo son diez céntimos los que faltan, así no se trata a la gente que viene siempre mostraba indignación. Yo seguía asegurando mi mochila al hombro y me asombre aun más cuando un Centinela de Seguridad Ciudadana desaceleró su patrulla para ver que escándalo acontecía en La Tienda, pues los movimientos con los que se comunicaba mi acompañante mostraban claramente un ambiente hostil, sin que esto sea cierto, pues los demás usuarios y empleados no le mostraban el mayor interés y seguían con sus transacciones normales. Lenguado volteo a ver la patrulla que hizo sonar su sirena en señal de presencia, el asombro vino en ese momento pues el centinela lo saludo alzando la mano desde el vehiculo reanudando la velocidad, tranquilo de haber corroborado la ausencia de discordia. Finalmente La Tienda se rindió ante la molesta constancia que mantenía Tipo B en sus ya gastados argumentos. Lo dejo salir airoso con sus once cigarros y una nueva chata de ron que compro inmediatamente después de ganar la batalla por los cigarrillos. Observé todo acotando una que otra insustancial risa, sonrisa o gesto afirmativo. Tienes hambre, yo tengo hambre, cuando tomas te da hambre, vamos a tomar a la casa del Cholin, pero compremos comida – al verlo luchar con tanto fervor por aquel cigarrillo supuse que el dinero era algo con lo que no contaba en abundancia, pero parece que fue algo mas bien ceñido a sus principios, principios de consumidor o que se yo, pero solo se puede pelear así por principios.

A media cuadra de La Tienda estaba El Grifo, y en El Grifo otra tienda. Coge lo que quieras – pesque una bolsa de papas fritas y demás surtidos de ese tipo. Él pidió una bolsa a la cajera y empezó a meter productos que yo sospeche eran únicamente posibles de ser adquiridos a esa hora solo por borrachos que no tienen conciencia de cómo se llaman o de que carajos es lo que están haciendo en una tienda de 24horas. Entre ellos destacaron: una bolsa de Detergente Ariel con blanqueador 2.6kg, un sixpack de papel higiénico Scott con textura, precortado de hoja simple; dos bolsas mas de las papas fritas y demás surtidos que yo había cogido, un Sniker Candy Bar y una cajetilla de cigarrillos. Y para darle un toque de extrañeza aun mayor a toda la situación que venia viviendo desde aquellos perros sindicalizados, aquel Lenguado pálido pagó con tarjeta de crédito del BCP.

A otra media cuadra de El Grifo estaba la casa de Cholin. Las cosas que me iba diciendo en toda aquella travesía me venía sin importancia. Desde un primer momento, una vez entablada la conversación y finalizado su preponderante interrogatorio, me explicó su condición de recién llegado a la cuadra. Claro esta que conocía a cada una da las familias que vivían ahí, solo era un cambio de lugar pero no de zona, según sus palabras. Todo esto se debía a pleitos familiares. Su madre le quito su Tienda (había muchas tiendas en Yanahuara de las que yo no tenia conocimiento alguno, pensé que desde ese momento no tendría problemas en querer comprar cigarrillos sin tener que bajar hasta la avenida), al parecer el negocio de su vida, por la importancia, en realidad El Tibu, era el hermano menor de cuatro hijos, 28 años. Su hermano mayor El Tiburón que estuvo en La Cárcel de Socabaya, no me dijo porque fue encausado; había convencido a su madre de arrebatarle la tienda; pues El Tibu se había arrimado mucho a la bebida. Me confesaba con profunda desolación que él fue el único en visitarlo cuando andaba en el calabozo. Ni eso le importo… y el sabe que yo ahora le saco la conchasumare, y lo sabe, pero yo no lo voy a hacer, porque es mi hermano eso no se hace entre hermanos, pero halla el con su conciencia. Agarré mis cosas y me vine para aquí.

La casa de El Cholin era básicamente una puerta. Ya había pasado por ahí, pero nunca me pregunte ni por curiosidad si en realidad estaba habitada. Ahora parado viendo tocar la pequeña ventanita a tres metros de la vieja puerta pensaba: ¿y porque no habría de estar habitada? Me sentí muy alejado de la realidad, dejo de gustarme ser solo un observador.

Clic Clic Clic la moneda contra el vidrio de la ventana
Un viejo mostró su rostro apartando la cortina. ¡Cholin! gritó alegre y el viejo desapareció. Del interior salía el sonido seco de los pasos recorriendo el interior de la casa acercándose a la puerta. ¡Como estas pues Cholin! – Se enunció El Tibu alzando los brazos con las bolsas. Yo seguía comiendo papas fritas y demás surtidos de la bolsita que llevaba en mi mano izquierda y sonreí también alegre escuchando como aquel viejo saludaba al joven 20 años menor con el mismo apodo y sincera alegría (aunque no tan efusiva) Como estas Cholin ¿que haces a estas horas?. Te traje unas cosas, venimos a tomarnos un trago acá con el amigo – Cholin con la misma sonrisa le respondió Bueno si es así pasen pasen. Hola yo soy Esteban, le dije tendiéndole la mano. Pasen pasen… puta que estoy que me quiero enfermar… el culo también me esta jodiendo. ¿Que es lo que pasa pues Cholin? – pregunto el Lenguado. Las hemorroides… todo me jode ahora, ya estoy viejo. Una vez todos dentro cerró la puerta. La luz de su cuarto iluminaba tenue el camino que era de tierra compactada. Antes de entrar a su aposento pasamos al lado de una mesa de madera que estaba a la intemperie, el haz de luz no alcanzaba al viejo mueble. Encima tenía unos cactus de aquellos que venden en La Calle Octavio Muñoz Najar a un sol la unidad, chiquitisimos casi absurdos y en un vaso de plástico. Varios vasos se extendían a lo largo de la mesa; pensé que sería bueno que aquel Cholin los este cuidando y esperando que crezcan un poco mas para plantarlos en su árido jardín, tendría que preparar la tierra para que no mueran de forma violenta y quizá arraiguen y le den algo de vida a su casa. Luego me reí de lo estúpida que era mi idea y pensé con profunda intriga ¿de donde rayos habrá sacado esos cactus este Cholin?

El Lenguado se había convertido en otro Cholin como el viejo cincuentón. Los Cholines se llevaban muy bien. ¿Por qué le dices Cholin? fue mi primera intervención una vez acomodados en el cuarto principal de la casa. La casa solo tenia dos cuartos y el patio, el patio era tres veces mas grande que los dos cuartos, pero era pura tierra y una especie de mini-cerro se alzaba al fondo; el baño se encontraba en el patio, eso me confundió. El cuarto con la ventanita que daba a la calle era la sala, y estaba muy oscuro como para poder ver que cosas contenía. Al interior estaba su habitación, vivía solo pero tenía dos tarimas y las frazadas gruesas con bordados en blanco de tigres. ¡Frazadas puneñas carajo! no hay como esas gruesas mantas para calentar el cuerpo en esta sierra maldita – pensé. Y También pensé en mi cama a lo lejos, que ahora tiene cobertor de plumas comprado en Lima, solo eso y nada más. Pero todavía tengo frió en las noches. Las dos tarimas descansaban contra la pared del fondo y pegadas al lado izquierdo del cuarto, paralelas; al lado derecho había un montículo de cosas indistinguibles, algunos plásticos que las cubrían y todo iluminado por la bombilla de 50watz que pendía de un cable y su respectivo plug a medio metro del techo. Luz bien amarilla. Me quede menos de un segundo y veintitrés centésimas mirando al viejo en espera de su respuesta, yo ya había abierto otra de las bolsitas que compro Cholin 2 (El Tipo B, El Tibu o El Lenguado, pero ahora: Cholin 2) y me llevaba con mucha frecuencia su contenido a la boca. Ah… – como que suspiro el viejo, pero no estaba seguro si fue eso; añoranza eso si, que se manifestó en una especie de malhechosuspiro. Su voz ronca continuó – … él y su hermano eran Cholines por un programa de televisión, unos dibujitos, eran dos cocodrilos, hermanos también, que intentaban atrapar a Kissyfur… esos cocodrilos jajaja, siempre se morían de hambre – Kissyfur ya había escuchado ese nombre, así le decían a la prima de una ex enamorada, como se conecta la vida. Yo ni siquiera sabía que le decían así, Claudia me comento que así le decían en el colegio, una noche que conversábamos sobre esa ex enamorada – uno tenía una peluca naranja. Seguía mirando al viejo, que ricas estaban esas papas fritas. No me gusta el ron, pero tenía que tomarlo. Una pequeña hormiga rondaba mi vaso al lado de la botella sobre un banco que hacia de mesa. ¿Esta bien lo que te he traído? Sí, justo se me estaba acabando el detergente y ya tengo que lavar la ropa – Esos dos se tenían afecto, se complementaban. El viejo tenía una hija, pero cito: Ya casi no la veo, mejor así para los dos.

No estantería llena de libros, no maquina de escribir (no hubiera esperado nunca jamás una PC o un ordenador personal) ni siquiera papel y lápiz, no borrachos de whisky ni vino barato, no mención a ningún autor ni guionista ni director, ni la mierda de politiquería. Costumbres extrañas de desahogarte con el primer huevon que acepte sostener la botella y en compensación a su paciencia le compras papas fritas, le muestras la casa de quien representa tu figura paternal; le permites ver e indagar sin pudor la colección de minúsculos cactus enterrados en vasos de plástico.

Un dedo gordo aplasto a la hormiguita y yo tenía que cagar con urgencia, pregunte donde estaba el baño (hasta ese entonces no sabia que estaba en el patio), saque un rollo del sixpack y con la venia del dueño de casa me dirigí afuera. Dudé mucho si debía dejar la mochila en el cuarto o llevarla conmigo, al final se quedo encima de la cama. El claro cielo azul y alguna que otra estrellita se podían ver por el espacio entre el dintel y la puerta de lata, no había vidrio alguno. Había limpiado cuidadosamente los bordes de la taza antes de sentarme. Cagué con una linda vista, sin preguntarme que carajos estaba haciendo ahí. El ron debía ser expulsado de mi cuerpo; así que aun sentado, en el crepúsculo de mi cague, me incline a la izquierda y arrojé. Hice un charco en el piso.

Regresé cuando conversaban de la mudanza, me senté con rapidez en la cama y cogí la mochila. Los ojos lagrimosos no me gustaron para nada. Agarré la última bolsita de papas fritas y anuncie mi retirada. Te acompaño a la puerta. No, no te preocupes. Le respondí al cincuentón. Bueno ah sido un gusto conocerlos y tomar con ustedes, ya nos estamos viendo Tibu. Él se limito a asentir con la cabeza, seguramente había olvidado como es que llegué ahí y quien era. Sonreí, mire al viejo que me miraba, me levante y salí de la habitación. Camine lento para ver por última vez aquellos cactus tan cómicos y me alcé uno.

¡Paaafff¡ se había cerrado la puerta