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cuento corto.- Papeleo

Historias extrañas ocurren siempre en estas oficinas, pero ninguna se compara a: la princesa de los cubículos. Delgada, piel morena y de pelo negro, corto pero largo, usted entiende: el punto inclasificable en el que los adjetivos solo dependen enteramente del subjetivo de la persona.

Si pues, y ella caminaba entre los cubículos destruyendo sospechas con su belleza. Pues que acaso no es obvio: quien pensaría que la princesa tenía tremendo fetiche.
El papel higiénico, de verdad señor el papel higiénico; se agachaba como a quien se le cayo el lapicero y mientras todos miraban la minifalda correr, ella buscaba en los cubos de basura.

¿Una historia de entre miles no? Pero verdadera. El trabajo de cajera (con el que empezó) lo obtuvo por su tía, y quien sabe… a lo mejor esta también tenia algo contra el papel, no losé, pero definitivamente sabia como moverse, pues ya a sus cuarenta y tantos aun seguía en la oficina, y ahora en la de Lima. Si el banco contrata a estas señoritas por el periodo de cinco años por que no quiere pagar seguros, beneficios y más, esta señora había roto las reglas con más de cuatro infracciones (contando una por cada cinco años de servicio) al usual actuar del banco respecto a sus empleados, en verdad tenia que ser alguien especial. Así que la niña, con semejantes referencias tendría que ser seguramente algo especial.

Era una buena inversión para el gerente, cumplía con su “trabajo”, y mantenía despiertos a los clientes y empleados. Pero por favor con esto no quiero que piense que la chiquilla era una especie de idiota en el cuerpo usual de las idiotas, porque no lo era. Ascendió a plataforma después de ocho meses de ser cajera, los de arriba consideraron que seria una buena motivación para los posibles clientes. Y si bien no demostraba su inteligencia o astucia, estoy seguro que la tenía, alguien así de interesante (fetiche al papel higiénico) tiene que ser inteligente, por lo menos el beneficio de la duda no ¿?.

Todos los días la recogía su señor enamorado, que también era un chiquillo con ganas de crecer, ¡y hasta conducía el muchacho! Si… ella se iba feliz con él, sin importarle cuantas miradas tristes dejaba a su paso. Tenían que hacer lo propio, en la camioneta azul o quien sabe donde, pero aplazarlo era casi imposible. Mi descubrimiento le causo perjuicio al enamorado, no era mi intención, no es leal no es correcto, pero era mi premio (algo así dijo ella en voz baja) por comprar mi silencio. Aquel día me quede en mi cubículo un poco más que de costumbre, la mayoría se fue a almorzar al snack de a lado, y los demás no se a donde. Ella en su ignorancia, comenzó su rutina. Cuando se dio cuenta de mi presencia, miro mi rostro sorprendido sin ninguna expresión de asco, decidida se dirigió a mí casi de rodillas: creo que podemos arreglar esto… Yo encima, viendo un rostro lleno de papeles y escuchando sonidos de los más extraños y exóticos empecé a borrar mi memoria.

Ahora se por su cara, que la historia ya le importa, y será aun mas importante cuando le confiese que no termina, por que todavía trabaja en el banco.

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