Intrigado por aquellas lagunas en medio de la carretera, Javier le comento a su padre: ¿Papá de donde sale el agua que esta en la pista?
Su padre recordó cuando hizo la misma pregunta, la explicación del abuelo, y respondió: Son espejismos, lo peor que dios puso en la tierra, ellos te engañan. En realidad no hay agua. ¿Quieres que te cuente sobre espejismos?, Bueno pues, pero pásame una botella de agua, ¿Cuántos años tienes ahora? – Diez – ¡Diez! ¿Y tan grande? Te creía de quince ja ja ja. El chiquillo lo miro enojado. Cuando tenía veintidós años tu abuelo me encargo llevar dinero para la abuela Martha. – ¿La gorda? – Si… la gorda. Era la primera vez que viajaba solo por carretera. – ¿Y tenias miedo? – No… ¡pero ya déjame contar! Cuando estaba en el desierto, así como ahora, solo que sin tanto camión. El carro de tu abuelo sobrecalentó y tuve que parar. – ¿Qué es sobrecalentar? – Es cuando se malogra el carro; eso no importa. En eso vi que venia una chica muy bonita, pero cuando te digo que era muy bonita es por que era muy bonita. – ¿Tan bonita como mi mamá? – No, tan bonita no. Y pensó: “era más bonita que el cielo”
Silencio
¿Y que paso? – ¿De que? – Con la chica pues papá – ¡Ah! nada, cuando creí faltaba poco para que me alcance desapareció – ¿Desapareció? – Sí, desapareció – ¿Así como si fuera una maga? – ¡igual que una maga! – ¿Y tú que hiciste? – Me subí al carro y me fui – ¿Pero si el carro estaba malogrado? – ¡Pero lo arregle! – ¿Cómo? – Eso no importa.
Segundo silencio
Papá – ¿Qué? – ¿Y el cuento sobre espejismos? – Que no te lo acabo de contar – Ah… ¿ese era? – Entre carcajadas ¿Y que esperabas?, que se me aparecieran los Tondercats
Alergico a la penicilina
cuentos
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cuento corto.- Lagunas en medio de la carretera
6:26 | | 7 Comments
cuento corto.- Cholines
Tenia menos de un mes en la nueva casa, me gustaban sus calles viejasviejotas casi abandonadas y tan modernas. Tienen muy buen contraste, un edificiote con cochera en el sótano, elevador y demás, entre la huerta del bisabuelo de Dean y “La Cuesta del Ángel” un pasaje colonial; a todos les gusta como suena “Cuesta del Ángel”… si pues no suena mal.
Ahí grandote, lujoso y moderno. Me gustaban sus calles así que caminaba por ellas.
Regresaba de casa de Diana pseudofiesta cumpleañera, comimos bien, se entono el infaltable “Cumpleaños Feliz” y todos escaparon una vez terminada la torta. No pienso dar detalles sobre la fiesta porque fue muy aburrida y en realidad no tiene nada que ver con esta historia, solo constituye un preludio para ubicarlos en escenario.
Ahí grandote, lujoso y moderno. Me gustaban sus calles así que caminaba por ellas.
Regresaba de casa de Diana pseudofiesta cumpleañera, comimos bien, se entono el infaltable “Cumpleaños Feliz” y todos escaparon una vez terminada la torta. No pienso dar detalles sobre la fiesta porque fue muy aburrida y en realidad no tiene nada que ver con esta historia, solo constituye un preludio para ubicarlos en escenario.
Escenario: Umacollo-Yanahuara.
Naturalmente no tenía dinero; eran cerca de 7 u 8 canciones lo que demoras en llegar a la universidad desde mi casa. La casa de Diana esta cerca de la universidad, pero el camino de regreso es en subida, una diabólica pendiente que por su longitud y constancia estoy seguro y doy por cierto – sin exagerar – que era mucho más destructiva que una pendiente cualquiera de 45º miserables grados. Entonces, las canciones con suerte podrían seguir siendo 7 u 8 por ser menor la distancia o incrementarse a 10 u 11 por la pendiente. Pero andaba feliz, con viento helado que te cristaliza los mocos aun dentro de tu nariz. Las calles estaban vacías pero no era muy tarde, los perros sindicalizados barrían con toda bolsa negra de basura. Dueños de pistas, veredas, patios desprotegidos. Era increíble, la ciudad había sido tomada por perros. Por suerte (o mala suerte) fue rápido. Aunque en el resto de la caminata tuve encuentros con otras pandillas locales, de perros.
Cuando estaba en la cuarta cuadra de la calle Zela, a pocos minutos de llegar a mi reciente hogar, mi lengua y la situación se volvieron incontrolables, querían un cigarrillo, así que Yo también terminé queriendo un cigarrillo.
El 23 de febrero del 2005 en el bus Nº 45 del transporte público de Orange County California, subió “Jimmy Poop – the dumb whiteguy” y con una habilidad desconocida para saber quien tiene o no tabaco le pregunto a Javier (my roommatte) si le podía invitar un cigarrillo, a lo que mi amigo, desconcertado, respondió afirmativamente entregándole el cigarrillo que guardaba en el bolsillo bordado de la camisa.
Ahora, en la cuarta cuadra de la calle Zela, a pocos minutos de un reciente hogar, mi habilidad adquirida en el reconocimiento de tabaco, hizo frenar mi paso y preguntar a dos tipos que sobresalían como anexos de una casa. Ellos tomaban ron, no me gusta el ron. Tipo A me ofreció el cigarrillo prendido que sostenía en la mano, ya no le quedaba más que ese; aprecie el gesto. Pero Tipo B ya estaba ebrio y yo no conté con eso. Empezó a interrogarme: ¿Tú de donde eres? ¿Qué quieres? Yo no te he visto nunca por acá. Tipo A se despidió cortésmente y me dejo sosteniendo la botella de ron; supuestamente eran primos y estaban libando ron por el gusto de libar ron o por la mudanza reciente que tuvo su primo, que despechado con su familia cogió sus cosas y enrumbo a la cochera/casa donde pregunte por el cigarrillo, donde todavía seguíamos parados solo dos personas, una que no estaba alcoholizada y otra que me interrogaba. Yo me acabo de mudar pero el no escuchó mis palabras. Yanahuara esta dividida en Bajo Yanahuara y Alto Yanahuara – empezó a explicarme – en Bajo Yanahuara vive El Negro, Froz, Carla, El Cholin, pero toma sírvete un trago, no sírvete. En Alto Yanahuara vive toda la gente nueva y con plata. Antes había muchas broncas entre ambos, ¿Tú de donde eres? Yo me acabo de mudar acá – respondí señalando con mi mano libre al final de la Calle, luego sorbí un poco de ese horrible ron – Ah ya… querías cigarros, yo ya no tengo pero vamos a comprar a la avenida – no puse objeción – ¿Cuanto tienes?
Caminamos hacia la avenida, desanudando los pasos que tuve que recorrer minutos antes cuando únicamente me consolaba la idea de encontrar mi tibia cama y la difusa alegría inicial de mi caminata. Yo conozco a todos en Yanahuara, sino pregúntale a quien quieras por El Tibu – supongo que era Tibu por tiburón, pero en el estado en el que lo encontré parecía más un lenguado, con la cara toda aplanada efecto del profuso alcohol idiotizante y relentizador que llevaba en la sangre – ¿Cuánto tienes?. La Tienda en la avenida estaba abierta porque su giro empresarial era la venta de licores y todavía no era tarde para seguir vendiendo licores. La habilidad del lenguado para regatear cigarrillos me asombro de sobre manera. Mientras se movía con la gracia de su especie argüía la importancia de fiarse en la gente conocida, la gente del barrio, confianza que era tan necesaria en estos tiempos de desvaloración (por la falta de valores). La Tienda por su lado se aferraba al fundamento del auge tercearizario Yo no soy el dueño, sino con gusto te daría más, pero no puedo, tu sabes como es El Lenguado no soltaba ni un poquito y maniobraba con sus fundamentos y gracias Como no me vas a dar uno mas si solo son diez céntimos los que faltan, así no se trata a la gente que viene siempre mostraba indignación. Yo seguía asegurando mi mochila al hombro y me asombre aun más cuando un Centinela de Seguridad Ciudadana desaceleró su patrulla para ver que escándalo acontecía en La Tienda, pues los movimientos con los que se comunicaba mi acompañante mostraban claramente un ambiente hostil, sin que esto sea cierto, pues los demás usuarios y empleados no le mostraban el mayor interés y seguían con sus transacciones normales. Lenguado volteo a ver la patrulla que hizo sonar su sirena en señal de presencia, el asombro vino en ese momento pues el centinela lo saludo alzando la mano desde el vehiculo reanudando la velocidad, tranquilo de haber corroborado la ausencia de discordia. Finalmente La Tienda se rindió ante la molesta constancia que mantenía Tipo B en sus ya gastados argumentos. Lo dejo salir airoso con sus once cigarros y una nueva chata de ron que compro inmediatamente después de ganar la batalla por los cigarrillos. Observé todo acotando una que otra insustancial risa, sonrisa o gesto afirmativo. Tienes hambre, yo tengo hambre, cuando tomas te da hambre, vamos a tomar a la casa del Cholin, pero compremos comida – al verlo luchar con tanto fervor por aquel cigarrillo supuse que el dinero era algo con lo que no contaba en abundancia, pero parece que fue algo mas bien ceñido a sus principios, principios de consumidor o que se yo, pero solo se puede pelear así por principios.
A media cuadra de La Tienda estaba El Grifo, y en El Grifo otra tienda. Coge lo que quieras – pesque una bolsa de papas fritas y demás surtidos de ese tipo. Él pidió una bolsa a la cajera y empezó a meter productos que yo sospeche eran únicamente posibles de ser adquiridos a esa hora solo por borrachos que no tienen conciencia de cómo se llaman o de que carajos es lo que están haciendo en una tienda de 24horas. Entre ellos destacaron: una bolsa de Detergente Ariel con blanqueador 2.6kg, un sixpack de papel higiénico Scott con textura, precortado de hoja simple; dos bolsas mas de las papas fritas y demás surtidos que yo había cogido, un Sniker Candy Bar y una cajetilla de cigarrillos. Y para darle un toque de extrañeza aun mayor a toda la situación que venia viviendo desde aquellos perros sindicalizados, aquel Lenguado pálido pagó con tarjeta de crédito del BCP.
A otra media cuadra de El Grifo estaba la casa de Cholin. Las cosas que me iba diciendo en toda aquella travesía me venía sin importancia. Desde un primer momento, una vez entablada la conversación y finalizado su preponderante interrogatorio, me explicó su condición de recién llegado a la cuadra. Claro esta que conocía a cada una da las familias que vivían ahí, solo era un cambio de lugar pero no de zona, según sus palabras. Todo esto se debía a pleitos familiares. Su madre le quito su Tienda (había muchas tiendas en Yanahuara de las que yo no tenia conocimiento alguno, pensé que desde ese momento no tendría problemas en querer comprar cigarrillos sin tener que bajar hasta la avenida), al parecer el negocio de su vida, por la importancia, en realidad El Tibu, era el hermano menor de cuatro hijos, 28 años. Su hermano mayor El Tiburón que estuvo en La Cárcel de Socabaya, no me dijo porque fue encausado; había convencido a su madre de arrebatarle la tienda; pues El Tibu se había arrimado mucho a la bebida. Me confesaba con profunda desolación que él fue el único en visitarlo cuando andaba en el calabozo. Ni eso le importo… y el sabe que yo ahora le saco la conchasumare, y lo sabe, pero yo no lo voy a hacer, porque es mi hermano eso no se hace entre hermanos, pero halla el con su conciencia. Agarré mis cosas y me vine para aquí.
La casa de El Cholin era básicamente una puerta. Ya había pasado por ahí, pero nunca me pregunte ni por curiosidad si en realidad estaba habitada. Ahora parado viendo tocar la pequeña ventanita a tres metros de la vieja puerta pensaba: ¿y porque no habría de estar habitada? Me sentí muy alejado de la realidad, dejo de gustarme ser solo un observador.
Clic Clic Clic la moneda contra el vidrio de la ventana
Un viejo mostró su rostro apartando la cortina. ¡Cholin! gritó alegre y el viejo desapareció. Del interior salía el sonido seco de los pasos recorriendo el interior de la casa acercándose a la puerta. ¡Como estas pues Cholin! – Se enunció El Tibu alzando los brazos con las bolsas. Yo seguía comiendo papas fritas y demás surtidos de la bolsita que llevaba en mi mano izquierda y sonreí también alegre escuchando como aquel viejo saludaba al joven 20 años menor con el mismo apodo y sincera alegría (aunque no tan efusiva) Como estas Cholin ¿que haces a estas horas?. Te traje unas cosas, venimos a tomarnos un trago acá con el amigo – Cholin con la misma sonrisa le respondió Bueno si es así pasen pasen. Hola yo soy Esteban, le dije tendiéndole la mano. Pasen pasen… puta que estoy que me quiero enfermar… el culo también me esta jodiendo. ¿Que es lo que pasa pues Cholin? – pregunto el Lenguado. Las hemorroides… todo me jode ahora, ya estoy viejo. Una vez todos dentro cerró la puerta. La luz de su cuarto iluminaba tenue el camino que era de tierra compactada. Antes de entrar a su aposento pasamos al lado de una mesa de madera que estaba a la intemperie, el haz de luz no alcanzaba al viejo mueble. Encima tenía unos cactus de aquellos que venden en La Calle Octavio Muñoz Najar a un sol la unidad, chiquitisimos casi absurdos y en un vaso de plástico. Varios vasos se extendían a lo largo de la mesa; pensé que sería bueno que aquel Cholin los este cuidando y esperando que crezcan un poco mas para plantarlos en su árido jardín, tendría que preparar la tierra para que no mueran de forma violenta y quizá arraiguen y le den algo de vida a su casa. Luego me reí de lo estúpida que era mi idea y pensé con profunda intriga ¿de donde rayos habrá sacado esos cactus este Cholin?
El Lenguado se había convertido en otro Cholin como el viejo cincuentón. Los Cholines se llevaban muy bien. ¿Por qué le dices Cholin? fue mi primera intervención una vez acomodados en el cuarto principal de la casa. La casa solo tenia dos cuartos y el patio, el patio era tres veces mas grande que los dos cuartos, pero era pura tierra y una especie de mini-cerro se alzaba al fondo; el baño se encontraba en el patio, eso me confundió. El cuarto con la ventanita que daba a la calle era la sala, y estaba muy oscuro como para poder ver que cosas contenía. Al interior estaba su habitación, vivía solo pero tenía dos tarimas y las frazadas gruesas con bordados en blanco de tigres. ¡Frazadas puneñas carajo! no hay como esas gruesas mantas para calentar el cuerpo en esta sierra maldita – pensé. Y También pensé en mi cama a lo lejos, que ahora tiene cobertor de plumas comprado en Lima, solo eso y nada más. Pero todavía tengo frió en las noches. Las dos tarimas descansaban contra la pared del fondo y pegadas al lado izquierdo del cuarto, paralelas; al lado derecho había un montículo de cosas indistinguibles, algunos plásticos que las cubrían y todo iluminado por la bombilla de 50watz que pendía de un cable y su respectivo plug a medio metro del techo. Luz bien amarilla. Me quede menos de un segundo y veintitrés centésimas mirando al viejo en espera de su respuesta, yo ya había abierto otra de las bolsitas que compro Cholin 2 (El Tipo B, El Tibu o El Lenguado, pero ahora: Cholin 2) y me llevaba con mucha frecuencia su contenido a la boca. Ah… – como que suspiro el viejo, pero no estaba seguro si fue eso; añoranza eso si, que se manifestó en una especie de malhechosuspiro. Su voz ronca continuó – … él y su hermano eran Cholines por un programa de televisión, unos dibujitos, eran dos cocodrilos, hermanos también, que intentaban atrapar a Kissyfur… esos cocodrilos jajaja, siempre se morían de hambre – Kissyfur ya había escuchado ese nombre, así le decían a la prima de una ex enamorada, como se conecta la vida. Yo ni siquiera sabía que le decían así, Claudia me comento que así le decían en el colegio, una noche que conversábamos sobre esa ex enamorada – uno tenía una peluca naranja. Seguía mirando al viejo, que ricas estaban esas papas fritas. No me gusta el ron, pero tenía que tomarlo. Una pequeña hormiga rondaba mi vaso al lado de la botella sobre un banco que hacia de mesa. ¿Esta bien lo que te he traído? Sí, justo se me estaba acabando el detergente y ya tengo que lavar la ropa – Esos dos se tenían afecto, se complementaban. El viejo tenía una hija, pero cito: Ya casi no la veo, mejor así para los dos.
No estantería llena de libros, no maquina de escribir (no hubiera esperado nunca jamás una PC o un ordenador personal) ni siquiera papel y lápiz, no borrachos de whisky ni vino barato, no mención a ningún autor ni guionista ni director, ni la mierda de politiquería. Costumbres extrañas de desahogarte con el primer huevon que acepte sostener la botella y en compensación a su paciencia le compras papas fritas, le muestras la casa de quien representa tu figura paternal; le permites ver e indagar sin pudor la colección de minúsculos cactus enterrados en vasos de plástico.
Un dedo gordo aplasto a la hormiguita y yo tenía que cagar con urgencia, pregunte donde estaba el baño (hasta ese entonces no sabia que estaba en el patio), saque un rollo del sixpack y con la venia del dueño de casa me dirigí afuera. Dudé mucho si debía dejar la mochila en el cuarto o llevarla conmigo, al final se quedo encima de la cama. El claro cielo azul y alguna que otra estrellita se podían ver por el espacio entre el dintel y la puerta de lata, no había vidrio alguno. Había limpiado cuidadosamente los bordes de la taza antes de sentarme. Cagué con una linda vista, sin preguntarme que carajos estaba haciendo ahí. El ron debía ser expulsado de mi cuerpo; así que aun sentado, en el crepúsculo de mi cague, me incline a la izquierda y arrojé. Hice un charco en el piso.
Regresé cuando conversaban de la mudanza, me senté con rapidez en la cama y cogí la mochila. Los ojos lagrimosos no me gustaron para nada. Agarré la última bolsita de papas fritas y anuncie mi retirada. Te acompaño a la puerta. No, no te preocupes. Le respondí al cincuentón. Bueno ah sido un gusto conocerlos y tomar con ustedes, ya nos estamos viendo Tibu. Él se limito a asentir con la cabeza, seguramente había olvidado como es que llegué ahí y quien era. Sonreí, mire al viejo que me miraba, me levante y salí de la habitación. Camine lento para ver por última vez aquellos cactus tan cómicos y me alcé uno.
El Lenguado se había convertido en otro Cholin como el viejo cincuentón. Los Cholines se llevaban muy bien. ¿Por qué le dices Cholin? fue mi primera intervención una vez acomodados en el cuarto principal de la casa. La casa solo tenia dos cuartos y el patio, el patio era tres veces mas grande que los dos cuartos, pero era pura tierra y una especie de mini-cerro se alzaba al fondo; el baño se encontraba en el patio, eso me confundió. El cuarto con la ventanita que daba a la calle era la sala, y estaba muy oscuro como para poder ver que cosas contenía. Al interior estaba su habitación, vivía solo pero tenía dos tarimas y las frazadas gruesas con bordados en blanco de tigres. ¡Frazadas puneñas carajo! no hay como esas gruesas mantas para calentar el cuerpo en esta sierra maldita – pensé. Y También pensé en mi cama a lo lejos, que ahora tiene cobertor de plumas comprado en Lima, solo eso y nada más. Pero todavía tengo frió en las noches. Las dos tarimas descansaban contra la pared del fondo y pegadas al lado izquierdo del cuarto, paralelas; al lado derecho había un montículo de cosas indistinguibles, algunos plásticos que las cubrían y todo iluminado por la bombilla de 50watz que pendía de un cable y su respectivo plug a medio metro del techo. Luz bien amarilla. Me quede menos de un segundo y veintitrés centésimas mirando al viejo en espera de su respuesta, yo ya había abierto otra de las bolsitas que compro Cholin 2 (El Tipo B, El Tibu o El Lenguado, pero ahora: Cholin 2) y me llevaba con mucha frecuencia su contenido a la boca. Ah… – como que suspiro el viejo, pero no estaba seguro si fue eso; añoranza eso si, que se manifestó en una especie de malhechosuspiro. Su voz ronca continuó – … él y su hermano eran Cholines por un programa de televisión, unos dibujitos, eran dos cocodrilos, hermanos también, que intentaban atrapar a Kissyfur… esos cocodrilos jajaja, siempre se morían de hambre – Kissyfur ya había escuchado ese nombre, así le decían a la prima de una ex enamorada, como se conecta la vida. Yo ni siquiera sabía que le decían así, Claudia me comento que así le decían en el colegio, una noche que conversábamos sobre esa ex enamorada – uno tenía una peluca naranja. Seguía mirando al viejo, que ricas estaban esas papas fritas. No me gusta el ron, pero tenía que tomarlo. Una pequeña hormiga rondaba mi vaso al lado de la botella sobre un banco que hacia de mesa. ¿Esta bien lo que te he traído? Sí, justo se me estaba acabando el detergente y ya tengo que lavar la ropa – Esos dos se tenían afecto, se complementaban. El viejo tenía una hija, pero cito: Ya casi no la veo, mejor así para los dos.
No estantería llena de libros, no maquina de escribir (no hubiera esperado nunca jamás una PC o un ordenador personal) ni siquiera papel y lápiz, no borrachos de whisky ni vino barato, no mención a ningún autor ni guionista ni director, ni la mierda de politiquería. Costumbres extrañas de desahogarte con el primer huevon que acepte sostener la botella y en compensación a su paciencia le compras papas fritas, le muestras la casa de quien representa tu figura paternal; le permites ver e indagar sin pudor la colección de minúsculos cactus enterrados en vasos de plástico.
Un dedo gordo aplasto a la hormiguita y yo tenía que cagar con urgencia, pregunte donde estaba el baño (hasta ese entonces no sabia que estaba en el patio), saque un rollo del sixpack y con la venia del dueño de casa me dirigí afuera. Dudé mucho si debía dejar la mochila en el cuarto o llevarla conmigo, al final se quedo encima de la cama. El claro cielo azul y alguna que otra estrellita se podían ver por el espacio entre el dintel y la puerta de lata, no había vidrio alguno. Había limpiado cuidadosamente los bordes de la taza antes de sentarme. Cagué con una linda vista, sin preguntarme que carajos estaba haciendo ahí. El ron debía ser expulsado de mi cuerpo; así que aun sentado, en el crepúsculo de mi cague, me incline a la izquierda y arrojé. Hice un charco en el piso.
Regresé cuando conversaban de la mudanza, me senté con rapidez en la cama y cogí la mochila. Los ojos lagrimosos no me gustaron para nada. Agarré la última bolsita de papas fritas y anuncie mi retirada. Te acompaño a la puerta. No, no te preocupes. Le respondí al cincuentón. Bueno ah sido un gusto conocerlos y tomar con ustedes, ya nos estamos viendo Tibu. Él se limito a asentir con la cabeza, seguramente había olvidado como es que llegué ahí y quien era. Sonreí, mire al viejo que me miraba, me levante y salí de la habitación. Camine lento para ver por última vez aquellos cactus tan cómicos y me alcé uno.
¡Paaafff¡ se había cerrado la puerta
12:52 | | 1 Comments
cuento corto.- Tres patadas urbanas
-> El Asaltante
El otro día andaba por la calle Ayacucho, la primera cuadra después de atravesar el puente Grau viniendo de la Ejército. Quería ver si ya tenían la versión pirata de doscincuenta de Blindness, la película basada en la novela de Saramago. Pero doble por Bolivar a paso ligero.
En la madrugada, antes de dormir, baje a la cocina a preparar una sopa ramen sabor beef picante. Siempre utilizo la olla más vieja (ya sin su mango) y delgada porque se calienta más rápido. Mientras el agua se calienta, abro el sobre poniendo el paquete seco de fideos en un plato especialmente hondo. Las burbujas en la olla significan que el agua ya esta hirviendo. Rompo el paquete de fideos en cuatro para meterlos con cuidado. El agua esta hirviendo, que jodido debe ser si meto la mano ahí. Debe ser una puta mierda en verdad. En el narrador de cuentos metieron a un cocinero a la olla, cuando el cuentacuentos engañaba a todos con su sopa de piedra. Desollar vivo a alguien, feo viaje. Cuando torturan a gente les cortan los dedos las orejas, incluso puedes cortarle la nariz o los labios ¿Si en alguna agarran dedo por dedo y lo meten a la olla? Sujetas su brazo con esas tenazas para agarrar perros y le obligas a meter la mano; muy jodido dedo por dedo. La piel se ampolla en one, luego revienta se le cae la epidermis... guarda… ¡arggg! hasta que su mano quede como la carne cocida que acompaña al caldo blanco, carne ploma… mierda cuantos gritos, debe ser para loquear, fácil se desmaya de dolor, cuando despierta no le han cortado la mano ploma e imagina que sentiría dolor si hacen que un perro empiece a comérsela Los fideos flotan sobre las burbujas haciendo ondas en la olla, Es todo un sistema ahí adentro.
Ya estoy llegando a la esquina con San Agustín. Drill negro, camisa guinda a cuadros manga larga remangada en dos. Espero un rato. Mucha gente pasa por esta intersección, como mierda en la alcantarilla. Las combis y buses no dejan de transitar. La gente sube baja y se acomoda como puede. Es una desgracia este medio de transporte, una verdadera, casi como ser los menos educados en Latinoamérica. No estoy seguro de que es lo que estoy buscando; técnicamente he venido porque tengo hambre, necesito conseguir dinero, una cartera es la mejor opción. Pero también puedes pescar una mochila. Puedes robar unos lentes o un celular TresG. Buena voz con la comunicación, no solo te acerca, te da de comer. La gente a esta hora todavía anda muy sosa, los más explotados llegaron a las seis o siete, los sosos son los que tienen más chance, los trabajos que abren a las nueve, son mucho mejor pagados. Consecuentemente mejores celulares TresG. Estoy un toque inquieto, Gaps (Gastón) y Roy (Royer) están algo rayados, andan saliendo seguido a golpear gente a lo NaranjaMecánica recontra tercer mundo. Se supone que ahora están tirándose a Jessica pero a las diez van a ir donde Renzo a desarrollar “el plan maestro” que los sacaría de la miseria. Secuestrarían a la hijita del gerente de la Caja Municipal. Fácil les digo que le hiervan un dedo, para ver si de verdad se pone plomo. Seguro y viendo eso y el loquerío que va a armar la chibola se olvidan de violarla; mejor. Bajo y subo por San Agustín, no hay gente robable. Chespi ya esta haciéndose el cojo/manco para picar un poco de la gente. No sé como esconde la huevada.
Ahí viene una chibola, al otro lado de la calle, parece que va a la universidad. Zapatillas polera mochila, de “La Cato” porque esta buena, pelo largo, esta rica la chibola, podría preguntarle si quiere que la viole o que le hierva un dedo. Así seguro coopera. Ni cagando hiervo un dedo en la olla de la sopa. Ya me vio; mucho rato mirando su cola. Sigo de frente nomas, paralelo. Su dedo gordo del pie hervido.
-> La Chibola
Que cojuda que es mi madre, no entiende que no puedo tomar desayuno, ya estoy atrasadísima. Le explico y se enoja. Pero tómate un café aunque sea. No mamá no puedo. Pero por qué no tomas desayuno, después por eso es que te enfermas, y quien es la que tiene que gastar en medicinas, te atrasas en la universidad… Blablabla Así es mi madre ya que puedo a hacer. Puedo no ser como ella, esa es una buena idea. Algo sabio que me hace evolucionar, o ser mejor, mejorar “mejoral” Jajaja. No me ha timbrado este monstruo, seguro que está durmiendo. Si se acuesta a las cinco, pobre monstruo se va a morir. Jajaja. Tengo que imprimir el trabajo del gordo asqueroso de internacional público, lo engraparé nomas, no voy a comprarle file, ni lee, todo lo califica a su sano juicio ¡bah! son de mentira esos exámenes ¡Qué cólera!
Parece que ese chusco que está bajando es un ratero. ¡Aj! qué asco nunca ha visto una mujer en su vida. Esta como idiota mirándome el poto. Eso sí, esta bueno mi poto, ha engordado Jijiji. Mejor avanzo rápido y le muestro que ya me di cuenta que es un ratero. Lo miras con asco nada más. Ahora a esperar la combi. Sí era un ratero, ya está subiendo otra vez por la misma vereda. Es horrible viajar en estos carros. Cuando estaba en el colegio también tenía que regresar en micro, pero por lo menos eran todos grandes como el Enatru. En las mañanas me recogía la señora Meche, ella también era profesora en otro colegio, pero solo de primaria. Así que como no me enseñaba a mí yo solo le decía señora Meche. De regreso tenía que subirme en la Guardia Civil, pero íbamos siempre Diana, Rosita, la hermana menor de Rosita: Ximena y Yo. Yo me bajaba después de Diana; Rosita y su hermana se quedaban viajando 20minutos más. Pero cuando estás en el colegio te sientes más protegida que ahora. Supongo que como todos nos veían uniformadas, alborotadas e inocentes Jijiji, había una conciencia colectiva de protegernos, como si fuéramos sus hijitas o hermanitas. Y nosotras, que no éramos muy tranquilas la pasábamos jugando sin cuidado alguno. Pero una vez que te crece el poto y las tetas, ya nadie te mira como su hijita. Ahora me siento lo más rápido que puedo y pongo la mochila encima de las piernas abrazándola hasta llegar al paradero. No soy una traumada tampoco. Pero más vale prevenir que lamentar. Busco en la bolsa de la polera el ipod nano que me compre hace poco, ya está casi lleno, solo faltan 600megas, hoy voy a viajar escuchando a los Café Tacuba. Voy a mirar a todos los que suban y bajen, los que nos pasen acelerando en sus autos particulares… y ahí va un Gol dorado del 2004, que bonito auto, yo quiero uno así. Motor 1.6 para ahorrar en gasolina. Esta parte del centro es una mierda, ya estamos llegando a siete esquinas.
-> El Volkswagen Gol
Rodrigo murió. Su moto exploto cuando el muy imbécil cayó al río. Ni siquiera sé cuándo es qué compro la moto. Por ningún lado se me cruzo la idea de un Rodrigo motociclista, pero eso fue lo que paso. Aceleró en la pequeña pistera blanquiazul e intento recorrer a pique todo el sendero del río, estábamos a la altura del puente San Martin “el puente de La Cato”, hasta que salió volando y se desplomo todo y moto sobre una roca. Luego de asumir por completo la perdida de Rodrigo, desperté del sueño con una erección matutina de la que no encontré explicación alguna y preferí olvidar por completo lo antes posible.
Hoy no me baño ni cagando, mucho frío. Tengo chamba hasta las 4, son las 8:40am ya estoy algo tarde. Por lo menos ahora que logre cambiar de agencia, el viaje es más rápido. Tengo que llegar en 20min. Y tengo que quedarme ahí unos 8meses más para asegurar los pagos del auto nuevo: Volkswagen Gol / Comfortline 2004 / Motor 1.8 / 4 puertas / Color Dorado / Transmisión Manual.
Si me caso voy a grabar toda la noche de bodas, fácil con 3 o 4 cámaras, una de esas handycam definitivamente. Pero la noche de bodas tiene que ser inmediatamente después de la ceremonia. Creo que eso es lo único que me llama de un matrimonio convencional, el vestido. Eso tiene que ser un polvaso, pero como decía, inmediatamente después de la ceremonia, porque solo así vamos a tener energías para aguantar: viagra, coca, ganjah, lsd, hongos, lubricantes, consoladores, vibradores, anillos y demás accesorios conocidos y por conocer… tiene que haber de todo para elegir, fácil una encerrona de 4 o 5 horas. El vestido no se quita hasta el final. Sólo para ducharse. Después alimentarnos bien y ya salir para cuando la fiesta este poniéndose sucia y guarra Juajajajaja. Ahora que la U. San Pablo esta en estos lares siempre puedo romperme el ojo con las chibolas. Están ricas las chibolas. Eso es lo único de lo que podemos estar orgullosos y a lo que siempre nos acogemos después de reflexionar sobre lo inútil e improductiva que ha sido nuestra generación: Herederos del ADECOA (Asociación Deportiva del Consorcio de Colegios Arequipa). Están ricas las chibolas. Todo el tramo hasta la Marina es para andar a 20 máximo 30 km/h luego ¡juaz! acelerar por toda la Marina hasta el puente Consuelo. A la altura del Bajo Grau esta El Castillo del Diablo jajajaja, era un tambo que ocupa todo un bloque, ahora está lleno gente corrompida; quisiera entrar para corroborar eso. Imaginé algún vez una batalla entre la municipalidad apoyados por la Policía, contra todos los habitantes del tambo. El motivo sería obviamente una expropiación o un desalojo por no cumplir con los mínimos requisitos estructurales que obliga Defensa Civil. Iba a ser un remedo de Guerra Urbana, con pasajes secretos y ubicaciones estratégicas que se debían mantener a toda costa. Doblas en “U” y entras por Palacio Viejo, subiendo hasta Sucre, de frente hasta siete esquinas. Dejo todo el transporte público atrás y subo para la Merced. Guardo el auto en la playa de la que ahora soy abonado y enrumbo al banco.
“Hola, hola, hola” Que bien que aun no hay mucha gente. En la sala de estar siempre hay de uno a tres periódicos en pila sobre la mesita central. Me siento un rato en el sofá de cuero marrón y hojeo El Pueblo. En letras grandes y negras de titular: Secuestran escolar hijo del gerente de Caja Sur. Esta ciudad cada vez está más hecha mierda.
17:47 | | 2 Comments
cuento corto.- POR LA GRACIA DIVINA QUE ME DA EL DERECHO A SENTIRME MAL
Dos y media de la tarde, “la hora estúpida”, la casa de la abuela es grande, dos pisos, patio, muchas habitaciones. La empezó a construir cuando mamá tenía doce, creo que antes. En un comienzo toda la urbanización tenía la misma casa, el mismo modelo, por eso eran más baratas. Una especie de proyecto regional (en ese tiempo proyecto departamental) de promoción a la vivienda; ayuda a la nueva clase media pujante. Después de construido el primer nivel el dinero del abuelo se fue, con él. Todavía son tres hermanos: Diego, Elvira y mi madre. El segundo piso tenía que construirse. La abuela trabajaba desde que terminó el colegio (secundaria completa), no fue a la universidad, las mujeres no iban en ese tiempo. Su primer trabajo fue en una oficina de registros, secretaria; luego entró a atención al público, recepcionista. No recuerdo bien si el mismo proceso fue realizado en las demás instituciones donde laboró; de cualquier forma puedo afirmar que fueron varias instituciones. Es más, la abuela sabía sobre los planes que tenía “La comisión por la reconstrucción de Arequipa” (creada después del terremoto del 60) antes de que siquiera fueran discutidos. Al parecer tenía un amorío con uno de aquellos economistas, y se casó con su contador, el abuelo.
Se supone que aún debo tener familiares en Chile. Cuando la abuela se quedó con la responsabilidad de construcción ya no trabajaba en ninguna institución; pero de algún lado, no estoy seguro cómo, adquirió en aquel entonces, la primera noción contrabandista. Viajaba a Chile todas las semanas; compraba ropa, la cruzaba como suya, y la vendía. Debió haber sido un buen negocio en ese momento.
ISIDORO Y MARÍA ---------------------------------------------------------------------> 1959
Cuando murió el papá de la abuela (y al día siguiente su mamá), ella comentaba: “nos dieron la plata, fuimos con Elvira a comprar un pollo a la brasa, una coca-cola y al día siguiente, a pintar”.
Murieron en la casa de la merced; en realidad nunca fue su casa. La alquilaron durante 32 años. En realidad era su casa. La abuela recibió una cantidad considerable de herencia. Con eso se pudo comprar toda la pintura.
Dos y treinta con cuarenta y cinco segundos. Hace cuarenta y cinco segundos que acabo de despertar. Cuando uno tiene cuatro años y no ve a nadie al despertar, TIENE que llorar. Mi madre es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Cuando tenía 27 se casó con un mocoso de 23 (papá), hasta ahora les va muy bien, pero no saben lo que les espera.
Mis padres forman (desde distintos polos) la generación 70’s 80’s. En realidad no es nada especial. Lo que diferencia son los polos, distintos puntos de vista… capital y provincia… aunque en ambos influye el espíritu capitalista que bombea dinámica y constantemente el sueño de comodidades satisfechas. Gracias a dios esto no conforma toda la imagen futura, pues lo excelente del tercermundismo es que aprendes a vivir por sentimiento. Así, evitando convertirse en máquinas productoras de dinero, o en abanderados de la justicia social, es que se abren paso en el escenario.
No sé si es una costumbre heredada del abuelo (del paterno), pero mi padre tiene la tendencia a ser muy patero. Nunca rechaza una cerveza. En determinado momento y lugar (que nadie conoce) apareció Carlos Cuba, y empezaron a hablar.
Es domingo, he despertado justo para almorzar y bajo las escaleras en brazos de mi madre. Nosotros vivimos en el primer piso de la casa de la abuela. Hoy ha venido a almorzar con nosotros la familia de Carlos Cuba. Debe ser mayor que mi papá, pero son igual de grandes. Definitivamente mi madre es más bonita que la esposa de Don Carlos. Sus hijos, Froz (de ocho) y Alejandra (de seis) también han venido. Lo usual es que almorcemos en la mesa de la cocina, pero esta es ocasión especial y la mesa del patio ya esta lista.
Alejandra y Froz están jugando en el patio. Yo también quiero jugar, me muero de ganas, pero algún impulso estúpido (que más adelante será una de las cosas que más odie de mi personalidad) me detiene. Supongo que las falencias aparecen cuando eres niño.
Todos conversan, ambos padres:
- ¿y qué paso con el televisor?
- Pues esta ahí, mirando a la pared, jajaja
Al padre de Alejandra no le parecía correcto que sus hijos vean televisión. Un día regresó de la oficina, entró a la sala, cargó el televisor y lo volteó contra la pared. Creo que es completamente necesario en la vida de todos los niños del globo, ver: el chavo del 8. Y hasta debería de ser parte de la currícula de educación de todos los colegios de todo el mundo.
Yo estaba en las faldas de mi madre. Presumo que le incomodaba mucho tenerme ahí mientras la abuela servía el almuerzo. Así que en un amargo silencio (mientras todos hablaban) me deslizó por sus piernas y se fue a ayudar a la abuela. No pasaron más de dos segundos veinticinco y la esposa de Don Carlos se levantó de la mesa y la siguió.
- Danielito, por qué no vas a jugar con Froz.
Te odié por eso papá. Miré a Froz, me miró; Alejandra miró, y él siguió jugando con ella.
Era una especie de ronda pero de dos, y en vez de dar vueltas en círculos rotaban sobre un eje invisible formado por sus manos. Debe de existir un término que describa de forma más fiel aquel juego, pero para mí era una ronda; una ronda especial. Alejandra perdió el equilibrio y cayó, Froz siguió dando vueltas con los brazos estirados. Los padres nunca dejaron de hablar, y empecé a acercarme.
- Hola – dije con voz fuerte, tratando de disimular el nerviosismo.
- Hola
- Me llamo Daniel Pío Alcazar.
- Yo soy Alejandra
- ¿Quieres ser mi amigo?
- Ya.
- ¿Vamos a jugar?
Yo no podía llevarte de la mano, así que me cogiste del brazo. Atravesamos la sala y llegamos al cuarto vacío a lado de mi cuarto.
Cuanto tiempo puedes estar mirando a una niña sin decir palabra alguna…. Pero a veces pasa, y te sientes tan tonto, que prefieres no decir nada para que no se vaya. Así que tú empezaste a hablar:
- ¿Tienes rompecabezas?
- ¡Sí! – y todo se hizo mucho más fácil.
Los juguetes estaban ordenados en fila contra la pared, y los rompecabezas al comienzo de esta, debajo de los playgos. No eran tan difíciles, solo tenían 10 piezas, así que el desafío supremo era poder armar el de 20 piezas.
Pude haber imaginado millones de cosas, es probable que en realidad sucedieran; de cualquier forma el cerebro se encarga de borrarlas o etiquetarlas como falsos recuerdos, generados, creados, como quieras llamarlo. Si Froz me golpeó, si lloré, si tengo alguna marca de crayón en los hombros del polo y que esté rasgado (increíble, como es que se rasga tela con un crayón, ¡un crayón!); será motivo de una investigación con interrogatorio a todos los familiares presentes.
Hubo una pelea (eso no es un falso recuerdo), tú peleaste con Froz pero nadie pareció notarlo en el almuerzo. Después de eso nuestro juego ya no era en repetición, y si bien nunca recordaré que posibles cosas se podrían haber dicho, la imagen de una ronda especial pasó a ser mía, la sensación de haber estado completamente inconsciente de la lógica de cada movimiento (pero estimándolos como los primeros de una especie que sabes escasea) recién apareció ahí.
No tratamos de alcanzarnos estirando las manos. Tú estabas con el rostro apoyado en el hombro derecho de tu padre. Él miraba al frente, tú hacia atrás.
La discusión fue por el tópico más torpe y manoseado: beneficios laborales. Puede que en el momento en el que sentí avecinarse la carnicería de los incipientes vínculos que nacían de aquel almuerzo, haya buscado tus ojos con desesperación; estoy seguro que ahora lo haría. Pero ahora no existes. Quedamos en silencio, luego todo quedó en silencio.
Ambos se levantaron de la mesa, enojados, asombrados por haber estado ¡hablando! Dos personas tan distintas en todos los aspectos, con principios, convicciones, historia, entregados a la familia… ¡vaya, que distintos! Que intolerantes. La abuela, la esposa y mi madre sorprendidas contra la pared; la mesa vacía, el cigarrillo humeante abandonado en el cenicero, nos recuerda que estamos vivos, que no es una imagen. Y nosotros cargamos con todo. Tú en el hombro, yo al costado. Mirando, alertas a cualquier posibilidad de reconciliación. Froz por delante. Alzamos las manos pero nunca las estiramos. No existen bandas sonoras, pero hay excelente fotografía: la luz de tarde atravesando dispareja por las ventanas. Impregnaremos en nuestra memoria por siempre, que eso jamás ha existido, que solo jugamos, que nunca sostuvimos ese canal entre nuestros ojos. Nunca preguntaremos y nunca nos contaran.
Se supone que aún debo tener familiares en Chile. Cuando la abuela se quedó con la responsabilidad de construcción ya no trabajaba en ninguna institución; pero de algún lado, no estoy seguro cómo, adquirió en aquel entonces, la primera noción contrabandista. Viajaba a Chile todas las semanas; compraba ropa, la cruzaba como suya, y la vendía. Debió haber sido un buen negocio en ese momento.
ISIDORO Y MARÍA ---------------------------------------------------------------------> 1959
Cuando murió el papá de la abuela (y al día siguiente su mamá), ella comentaba: “nos dieron la plata, fuimos con Elvira a comprar un pollo a la brasa, una coca-cola y al día siguiente, a pintar”.
Murieron en la casa de la merced; en realidad nunca fue su casa. La alquilaron durante 32 años. En realidad era su casa. La abuela recibió una cantidad considerable de herencia. Con eso se pudo comprar toda la pintura.
Dos y treinta con cuarenta y cinco segundos. Hace cuarenta y cinco segundos que acabo de despertar. Cuando uno tiene cuatro años y no ve a nadie al despertar, TIENE que llorar. Mi madre es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Cuando tenía 27 se casó con un mocoso de 23 (papá), hasta ahora les va muy bien, pero no saben lo que les espera.
Mis padres forman (desde distintos polos) la generación 70’s 80’s. En realidad no es nada especial. Lo que diferencia son los polos, distintos puntos de vista… capital y provincia… aunque en ambos influye el espíritu capitalista que bombea dinámica y constantemente el sueño de comodidades satisfechas. Gracias a dios esto no conforma toda la imagen futura, pues lo excelente del tercermundismo es que aprendes a vivir por sentimiento. Así, evitando convertirse en máquinas productoras de dinero, o en abanderados de la justicia social, es que se abren paso en el escenario.
No sé si es una costumbre heredada del abuelo (del paterno), pero mi padre tiene la tendencia a ser muy patero. Nunca rechaza una cerveza. En determinado momento y lugar (que nadie conoce) apareció Carlos Cuba, y empezaron a hablar.
Es domingo, he despertado justo para almorzar y bajo las escaleras en brazos de mi madre. Nosotros vivimos en el primer piso de la casa de la abuela. Hoy ha venido a almorzar con nosotros la familia de Carlos Cuba. Debe ser mayor que mi papá, pero son igual de grandes. Definitivamente mi madre es más bonita que la esposa de Don Carlos. Sus hijos, Froz (de ocho) y Alejandra (de seis) también han venido. Lo usual es que almorcemos en la mesa de la cocina, pero esta es ocasión especial y la mesa del patio ya esta lista.
Alejandra y Froz están jugando en el patio. Yo también quiero jugar, me muero de ganas, pero algún impulso estúpido (que más adelante será una de las cosas que más odie de mi personalidad) me detiene. Supongo que las falencias aparecen cuando eres niño.
Todos conversan, ambos padres:
- ¿y qué paso con el televisor?
- Pues esta ahí, mirando a la pared, jajaja
Al padre de Alejandra no le parecía correcto que sus hijos vean televisión. Un día regresó de la oficina, entró a la sala, cargó el televisor y lo volteó contra la pared. Creo que es completamente necesario en la vida de todos los niños del globo, ver: el chavo del 8. Y hasta debería de ser parte de la currícula de educación de todos los colegios de todo el mundo.
Yo estaba en las faldas de mi madre. Presumo que le incomodaba mucho tenerme ahí mientras la abuela servía el almuerzo. Así que en un amargo silencio (mientras todos hablaban) me deslizó por sus piernas y se fue a ayudar a la abuela. No pasaron más de dos segundos veinticinco y la esposa de Don Carlos se levantó de la mesa y la siguió.
- Danielito, por qué no vas a jugar con Froz.
Te odié por eso papá. Miré a Froz, me miró; Alejandra miró, y él siguió jugando con ella.
Era una especie de ronda pero de dos, y en vez de dar vueltas en círculos rotaban sobre un eje invisible formado por sus manos. Debe de existir un término que describa de forma más fiel aquel juego, pero para mí era una ronda; una ronda especial. Alejandra perdió el equilibrio y cayó, Froz siguió dando vueltas con los brazos estirados. Los padres nunca dejaron de hablar, y empecé a acercarme.
- Hola – dije con voz fuerte, tratando de disimular el nerviosismo.
- Hola
- Me llamo Daniel Pío Alcazar.
- Yo soy Alejandra
- ¿Quieres ser mi amigo?
- Ya.
- ¿Vamos a jugar?
Yo no podía llevarte de la mano, así que me cogiste del brazo. Atravesamos la sala y llegamos al cuarto vacío a lado de mi cuarto.
Cuanto tiempo puedes estar mirando a una niña sin decir palabra alguna…. Pero a veces pasa, y te sientes tan tonto, que prefieres no decir nada para que no se vaya. Así que tú empezaste a hablar:
- ¿Tienes rompecabezas?
- ¡Sí! – y todo se hizo mucho más fácil.
Los juguetes estaban ordenados en fila contra la pared, y los rompecabezas al comienzo de esta, debajo de los playgos. No eran tan difíciles, solo tenían 10 piezas, así que el desafío supremo era poder armar el de 20 piezas.
Pude haber imaginado millones de cosas, es probable que en realidad sucedieran; de cualquier forma el cerebro se encarga de borrarlas o etiquetarlas como falsos recuerdos, generados, creados, como quieras llamarlo. Si Froz me golpeó, si lloré, si tengo alguna marca de crayón en los hombros del polo y que esté rasgado (increíble, como es que se rasga tela con un crayón, ¡un crayón!); será motivo de una investigación con interrogatorio a todos los familiares presentes.
Hubo una pelea (eso no es un falso recuerdo), tú peleaste con Froz pero nadie pareció notarlo en el almuerzo. Después de eso nuestro juego ya no era en repetición, y si bien nunca recordaré que posibles cosas se podrían haber dicho, la imagen de una ronda especial pasó a ser mía, la sensación de haber estado completamente inconsciente de la lógica de cada movimiento (pero estimándolos como los primeros de una especie que sabes escasea) recién apareció ahí.
No tratamos de alcanzarnos estirando las manos. Tú estabas con el rostro apoyado en el hombro derecho de tu padre. Él miraba al frente, tú hacia atrás.
La discusión fue por el tópico más torpe y manoseado: beneficios laborales. Puede que en el momento en el que sentí avecinarse la carnicería de los incipientes vínculos que nacían de aquel almuerzo, haya buscado tus ojos con desesperación; estoy seguro que ahora lo haría. Pero ahora no existes. Quedamos en silencio, luego todo quedó en silencio.
Ambos se levantaron de la mesa, enojados, asombrados por haber estado ¡hablando! Dos personas tan distintas en todos los aspectos, con principios, convicciones, historia, entregados a la familia… ¡vaya, que distintos! Que intolerantes. La abuela, la esposa y mi madre sorprendidas contra la pared; la mesa vacía, el cigarrillo humeante abandonado en el cenicero, nos recuerda que estamos vivos, que no es una imagen. Y nosotros cargamos con todo. Tú en el hombro, yo al costado. Mirando, alertas a cualquier posibilidad de reconciliación. Froz por delante. Alzamos las manos pero nunca las estiramos. No existen bandas sonoras, pero hay excelente fotografía: la luz de tarde atravesando dispareja por las ventanas. Impregnaremos en nuestra memoria por siempre, que eso jamás ha existido, que solo jugamos, que nunca sostuvimos ese canal entre nuestros ojos. Nunca preguntaremos y nunca nos contaran.
Por la gracia divina que me da el derecho a sentirme mal; es que recreo todo esto. Que las intrincadas circunstancias que nos envuelven, que crearon y dejaron de hacerlo, no van a evitar que suceda, así esta recreación sea a medias. Mi historia como yo la quiera será la tuya, y la tuya, si la creas, será la mía. Buscaremos desesperadamente un refugio en la incertidumbre de lo escrito, escapando del escenario; y ahí nos quedaremos.
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cuento corto.- Iron Wana Wanagou Tu Guarangilio Nau
Javier caminaba por la calle San Juan de Dios, en el centro de la ciudad. Andaba con las manos en los bolsillos ensimismado y algo encorvado, bastante en realidad. Pensaba en porqué no sabía el nombre de su especie de árbol favorito. Él sabía desde hace mucho que la flor que más le gustaba era la margarita; pero sabía incluso antes qué especie de árbol le gustaba, estaba en el barrio en el que vivió entre los 11 y 15, esa era la especie favorita.
Era martes de verano alrededor de las 11:39 am. Estuvo sorprendido de su hazaña, normalmente dormía hasta pasado el medio día. El cielo estaba lo bastante nublado como para compararlo con el de Lima, había vivido ahí una temporada cada año o dos, en casa de su tía.
Caminaba, como siempre, con inquietudes. Pasaba de cosas a cosas, como si hubiese comido mucha azúcar; pero contrario a eso, esa mañana tampoco desayunó. Era un dilema para él: él mismo; a veces silbaba, pero la mayor parte del tiempo los pensamientos ridículos eran los relevantes. Pensaba en los problemas familiares de Matías Vicuña. Pensaba en si estaba bien masturbarse con la lencería de su tía. Y si verdaderamente era justificable ir a una 3ra guerra mundial. No creía en la violencia como medio para resolver conflictos, pero la guerra era un evento mundial, algo así siempre es recordado, pasa inmediatamente en los canales de la historia y revoluciona el mundo. El deseo de continuidad estaba permanentemente activo.
Armando y yo estamos en una misión tratando de infiltrarnos en territorio enemigo para señalizar por láser donde están las baterías antiaéreas y que estas sean destruidas por los Raptors. Armando me esta contando sobre una muchacha que intento flirtear estando de permiso cuando ¡Zum! el disparo de una Barret le atraviesa el pecho, la sangre salpica, sus pupilas se contraen, todo dura menos de un segundo y ya esta cayendo pesadamente sobre sus rodillas, ¡paf! cayo su humanidad, parece que una pelota te tenis salio por su espalda. Los lentes con dos gotitas de sangre. Que chucha, es una guerra, gracias al entrenamiento estoy cuerpo a tierra, cubierto. Armando muerto. Tengo que regresar a la base, no se puede completar la misión si el técnico esta muerto. El disparo se realizo desde 1900 metros, imposible hacer algo. Tengo el cuerpo de mi amigo muerto, que mierda hago con él. Me llevaré sus lentes supongo… putamadre.
“Vaya joda” murmura Javier.
Sin enterarse exactamente de cómo, se vio encaminado a la Av. Goyeneche, al parecer en algún momento atravesó el parque Duhammel, tomando luego la calle Perú. Estaba justo enfrente del colegio Nuestra Señora del Rosario. A Javier nunca le gustaron las chicas del Rosario. No sentía preferencia por ninguna camada en particular, pero las del Rosario no le gustaban.
Como típico martes veraniego sin sol, más gente joven pululaba en las calles. El asombro de encontrarse en el lugar menos pensado le hizo dejar su postura encorvada, enderezándose involuntariamente; no se dio cuenta de la muchacha que observó toda la acción desde la otra acera, como quien mira abrirse una ventana o caerse una maceta del balcón.
Una vez en la avenida Javier decidió ponerle fin al asunto de su cabeza, del constante cavilar en huevadas, así que antes de entroncarse en el nuevo dilema “de cómo ponerle fin” recordó la canción amateur que había compuesto un colega de muchos años. La canción se llamaba Huaranguillo, Rodrigo la había compuesto cuando vio una escena por los alrededores que ahora recorría (sin saber cómo) Javier.
Caminaba por la ex casa del Zapallón, con mi primo, y antes de cruzar la avenida para ir a comprar El Gavilán, el tráfico se terminó de congestionar y un colectivo que decía “Huaranguillo - Goyeneche - U. Católica” se detuvo frente a nosotros impidiéndonos el paso. Íbamos a bordearlo pero en eso un gringo que había estado caminando detrás nuestro adelantó acercándose al cobrador con un libro en la mano, supongo que era un diccionario, debe haber sido uno, porque mientras trataba de comunicarse con el cobrador en un lenguaje de muecas faciales y sonidos que tenían solo una semejanza al español, estaba señalando el libro como para que lea el cobrador… no, ahora que lo pienso pudo haber sido una guía turística ¿no? Bueno, el punto es que los dos con toda la atención que pusieron no se entendieron en lo más mínimo y como ya empezaban a andar de nuevo los carros, el cobrador intentaba meter al gringo que se resistía: ¡sube sube sube sube! un brazo ya rodeaba la espalda del gringo…
Algo así era lo que recordaba respecto a la historia del colega Rodrigo, unos bosquejos de la escena y el colectivo Huaranguillo; así que cuando vio pasar una de las unidades descritas, quiso verdaderamente saber dónde mierda estaba Huaranguillo, qué era Huaranguillo. Paso una unidad. No tardaría en llegar otra. Concreto el plan, subiría al susodicho colectivo y averiguaría dónde queda Huaranguillo. Solo preguntaría al cobrador (quizá el mismo que ataco al gringo) cuánto faltaba para llegar.
En 5minutos lo divisó. Con un objetivo claro, estiró el brazo señalándole al conductor su deseo de abordar el vehículo. El cobrador no tenía ninguna intención de abrazarlo, mantuvo el equilibrio sin esfuerzo cuando se reanudo la marcha, y avanzo hasta el asiento parauno al lado de la ventanilla, casi al final. Busco en el Ipod el nuevo disco de Arcade Fire. Play.
¡Putamadre! – murmuro Javier y cerro brevemente los ojos
Antes de llegar al semáforo en el cruce con Octavio Muñoz Najar, se levantó rápidamente de su asiento y se dirigió a la puerta, el carro estaba detenido por los últimos segundos de embotellamiento anteriores al cambio de señales en el semáforo.
Tenía que ir donde Jenny Le explicó al cobrador y se bajo del carro.
Era martes de verano alrededor de las 11:39 am. Estuvo sorprendido de su hazaña, normalmente dormía hasta pasado el medio día. El cielo estaba lo bastante nublado como para compararlo con el de Lima, había vivido ahí una temporada cada año o dos, en casa de su tía.
Caminaba, como siempre, con inquietudes. Pasaba de cosas a cosas, como si hubiese comido mucha azúcar; pero contrario a eso, esa mañana tampoco desayunó. Era un dilema para él: él mismo; a veces silbaba, pero la mayor parte del tiempo los pensamientos ridículos eran los relevantes. Pensaba en los problemas familiares de Matías Vicuña. Pensaba en si estaba bien masturbarse con la lencería de su tía. Y si verdaderamente era justificable ir a una 3ra guerra mundial. No creía en la violencia como medio para resolver conflictos, pero la guerra era un evento mundial, algo así siempre es recordado, pasa inmediatamente en los canales de la historia y revoluciona el mundo. El deseo de continuidad estaba permanentemente activo.
Armando y yo estamos en una misión tratando de infiltrarnos en territorio enemigo para señalizar por láser donde están las baterías antiaéreas y que estas sean destruidas por los Raptors. Armando me esta contando sobre una muchacha que intento flirtear estando de permiso cuando ¡Zum! el disparo de una Barret le atraviesa el pecho, la sangre salpica, sus pupilas se contraen, todo dura menos de un segundo y ya esta cayendo pesadamente sobre sus rodillas, ¡paf! cayo su humanidad, parece que una pelota te tenis salio por su espalda. Los lentes con dos gotitas de sangre. Que chucha, es una guerra, gracias al entrenamiento estoy cuerpo a tierra, cubierto. Armando muerto. Tengo que regresar a la base, no se puede completar la misión si el técnico esta muerto. El disparo se realizo desde 1900 metros, imposible hacer algo. Tengo el cuerpo de mi amigo muerto, que mierda hago con él. Me llevaré sus lentes supongo… putamadre.
“Vaya joda” murmura Javier.
Sin enterarse exactamente de cómo, se vio encaminado a la Av. Goyeneche, al parecer en algún momento atravesó el parque Duhammel, tomando luego la calle Perú. Estaba justo enfrente del colegio Nuestra Señora del Rosario. A Javier nunca le gustaron las chicas del Rosario. No sentía preferencia por ninguna camada en particular, pero las del Rosario no le gustaban.
Como típico martes veraniego sin sol, más gente joven pululaba en las calles. El asombro de encontrarse en el lugar menos pensado le hizo dejar su postura encorvada, enderezándose involuntariamente; no se dio cuenta de la muchacha que observó toda la acción desde la otra acera, como quien mira abrirse una ventana o caerse una maceta del balcón.
Una vez en la avenida Javier decidió ponerle fin al asunto de su cabeza, del constante cavilar en huevadas, así que antes de entroncarse en el nuevo dilema “de cómo ponerle fin” recordó la canción amateur que había compuesto un colega de muchos años. La canción se llamaba Huaranguillo, Rodrigo la había compuesto cuando vio una escena por los alrededores que ahora recorría (sin saber cómo) Javier.
Caminaba por la ex casa del Zapallón, con mi primo, y antes de cruzar la avenida para ir a comprar El Gavilán, el tráfico se terminó de congestionar y un colectivo que decía “Huaranguillo - Goyeneche - U. Católica” se detuvo frente a nosotros impidiéndonos el paso. Íbamos a bordearlo pero en eso un gringo que había estado caminando detrás nuestro adelantó acercándose al cobrador con un libro en la mano, supongo que era un diccionario, debe haber sido uno, porque mientras trataba de comunicarse con el cobrador en un lenguaje de muecas faciales y sonidos que tenían solo una semejanza al español, estaba señalando el libro como para que lea el cobrador… no, ahora que lo pienso pudo haber sido una guía turística ¿no? Bueno, el punto es que los dos con toda la atención que pusieron no se entendieron en lo más mínimo y como ya empezaban a andar de nuevo los carros, el cobrador intentaba meter al gringo que se resistía: ¡sube sube sube sube! un brazo ya rodeaba la espalda del gringo…
Algo así era lo que recordaba respecto a la historia del colega Rodrigo, unos bosquejos de la escena y el colectivo Huaranguillo; así que cuando vio pasar una de las unidades descritas, quiso verdaderamente saber dónde mierda estaba Huaranguillo, qué era Huaranguillo. Paso una unidad. No tardaría en llegar otra. Concreto el plan, subiría al susodicho colectivo y averiguaría dónde queda Huaranguillo. Solo preguntaría al cobrador (quizá el mismo que ataco al gringo) cuánto faltaba para llegar.
En 5minutos lo divisó. Con un objetivo claro, estiró el brazo señalándole al conductor su deseo de abordar el vehículo. El cobrador no tenía ninguna intención de abrazarlo, mantuvo el equilibrio sin esfuerzo cuando se reanudo la marcha, y avanzo hasta el asiento parauno al lado de la ventanilla, casi al final. Busco en el Ipod el nuevo disco de Arcade Fire. Play.
¡Putamadre! – murmuro Javier y cerro brevemente los ojos
Antes de llegar al semáforo en el cruce con Octavio Muñoz Najar, se levantó rápidamente de su asiento y se dirigió a la puerta, el carro estaba detenido por los últimos segundos de embotellamiento anteriores al cambio de señales en el semáforo.
Tenía que ir donde Jenny Le explicó al cobrador y se bajo del carro.
13:24 | | 0 Comments
cuento corto.- Aun de mañana
Se levanto después de haber bostezado dos veces, después de haberse estirado, encogido, tapado y destapado durante siete minutos con intervalos de cuarenta o cincuenta segundos. Se miro detalladamente en el espejo del baño. La casa estaba vacía. Limpio sus ojos con unos algodones húmedos, el rimel se dispersó hasta desaparecer. Voltea a ver el reloj, las 08:37am. Misa. Sus padres se resignaron a dejarla en casa los domingos (van cinco años de eso) mientras ellos asistían con su hermano de 12 años a la misa de las 08:00am en la iglesia (antes capilla) de la avenida Lambramani. Su cuarto, en el segundo piso de la casa, aun esta lo suficientemente oscuro como para poder dormir una hora más. En esta época del año todo el día anda nublado. Prende la radio, le sube el volumen y baja a la cocina. Parada en medio de la blanca mayólica, la música esta de fondo, como banda sonora de alguna película. Esta inmóvil, tratando de reconocer la canción, hace un gesto de asentimiento y dice en voz baja: – buena banda sonora – y continua con su rutina.
Sin medias, en interiores, con un polo viejo y desteñido, sus cabellos sujetos con una liga formando una cola de caballo. Toma un vaso con agua y dos pastillas para controlar su fase mixta del trastorno, una de risperidona y la otra de olanzapina. Busca el desayuno que como es habitual esta servido en la mesa de diario, en la parte oeste de la cocina. Los huevos y las tostadas están cubiertas con otro plato para tratar de mantenerlas calientes. Esto fue eficaz por 15 minutos, pero ya había transcurrido una hora y Nadia descubrió un desayuno frío y un plato con gotitas de agua en su interior. Agarro el café junto a los huevos y las tostadas y metió todo al horno de microondas. De regreso a la mesa vio un sobre que no había notado momentos antes. Tenia su nombre, el remitente le era familiar: Christian Martínez Alba, sobretodo los apellidos. Esboza una sonrisa. Bip Bip Bip suena el horno de microondas, el desayuno esta caliente otra vez. Deja el sobre en la mesa mientras se dirige a recoger los huevos las tostadas y el café.
Se limpia la boca con una servilleta. Son las 08:52am tiene que limpiar los platos y la taza. Vuelve a revisar el sobre, lo abre mientras se reclina con la silla apoyando el espaldar contra la pared y quedando suspendida parcialmente en el aire, con las patas traseras de la silla en el piso - este es un hábil movimiento – piensa – no creo que muchos puedan hacerlo.
La Carta: en una hoja bond A4 con lapicero azul. Doblada dos veces. Letra pequeña, corrida pero con algunas letras en imprenta. Nadia no se fija en esos detalles. Tampoco percibe que todo lo escrito esta en líneas ordenadas. Como si se hubiese puesto una hoja rayada bajo el papel para que sirva de guía.
Nadia… me gusta mucho ese nombre. Pero supongo que antes de que me gustara el nombre, me gustaron los personajes que lo usaron. En tu caso fue al revés, pues en ese momento a mi ya me gustaba tu nombre antes de que me gustases.
Nadia volteo a ver la hora en el reloj del horno microondas 08:54am. Doblo la carta en dos, no por los pliegues ya existentes, fue brusca y doblo como pudo doblar. Retorno con la silla a una posición más estable para poder levantarse e irse a su cuarto. Subió corriendo las escaleras con la carta y el sobre en la mano izquierda. Entro al cuarto para tumbarse de frente en la cama.
La Carta:
No sé cuan extraño puedas tomar esto, prefiero creer en que vas a poder entender el punto de vista que quiero plantearte. Prefiero creer ilusamente en que las cosas en esta situación, van a terminar, bueno en realidad van a empezar, como he pensado.
Roberto es amigo mío…
Nadia levanto una ceja en un falso ademán de asombro. Trato de ubicar mentalmente al personaje que supuestamente escribía la carta. Recordó a Roberto, recordó las historias de Roberto, en las historias ubico al amigo, solo en las historias pues nunca lo llego a conocer. Reanudo la lectura.
La Carta:
Roberto es amigo mío desde hace años, desde antes que él te conociera, desde antes que yo te conociera… nunca me has visto, nunca te he visto. Te conocí por sus palabras.
En un principio nosotros, los terceros (irónicamente solo éramos tres), escuchábamos las afanosas narraciones de Roberto. Francisco, mi hermano y yo. Francisco acompaño una vez a Roberto a tu casa, de repente lo recuerdas: alto, cabello lacio, tez clara, muy diplomático el chico. A mi hermano lo conociste en el concierto de octubre. Fuiste con Roberto a la zona baja de las graderías, casualmente él también fue, se llama Claudio ¿ya lo recuerdas? Más alto que Francisco, cabello con bucles, tez clara, sonrisa perfecta.
Nadia recordó a los tres terceros y a Roberto – Roberto – dijo en voz baja y completó la relación de descripciones que había empezado a detallar Christian Martínez Alba: - muchacho de huesos fuertes, de gruesos dedos. Un tipo no delgado y moreno. De anteojos, con claros intereses por los juegos de rol y la animación japonesa – Determinó que por una cuestión de justicia equitativa Christian Martínez Alba también debería ser descrito como sucedió con los otros. Bajo la misma premisa también debería estar descrita ella. Así que en un arrebato por la justicia equitativa (pero en si por la necesidad de satisfacer su hobby con el dramatismo) agarró lápiz y papel y creo las fichas de los personajes. – Nadia, dos puntos – declaró en voz alta – muchacha de veinte años, con algún desorden de personalidad, específicamente: Trastorno Bipolar, lo que la hace más interesante e impredecible. Con clases de nado sincronizado todos los martes y jueves por las tardes, y algunos domingos como hoy, por las mañanas. Cabello corto hasta las mejillas y una carrera truncada en la universidad. Autor favorito: Pablo Neruda. Y bueno creo que ya es mucho sobre mí. – Transcribió todo lo declarado y en papeles individualmente separados se encontraban: Claudio con una cara sonriente, Roberto con una cara triste, Francisco con una cara nerviosa y Nadia con un lado de la cara triste y el otro sonriente. Christian Martínez Alba no tenía ficha. Nadia no recordaba alguna descripción detallada o información útil dada por Roberto en sus historias. Recordó que lo hacia mención en varias ocasiones pero nada más. Miro el reloj 09:07am. Volvió a leer.
La Carta:
Bastaron menos de dos meses, no sé exactamente cuando fue, pero llego un momento en el que quise conocerte, en el que solo quería hacer lo que Roberto no se atrevía ha hacer. Quizás no fue eso… Era sentir lo que él sentía.
Y no tienes idea de todo lo que pude crear en esos treinta y seis segundos. Tantas ficciones… ¿Cómo es que puedes planear seis horas de interrelación personal? Cada gesto, las palabras, las preguntas y respuestas, cavilaciones, negativas, evasiones. Planeaba movimientos, sensaciones.
El Reloj:
09:09am.
Comenzó a pasar líneas y así como alguien busca a una persona en especial, de forma apurada y en medio de una muchedumbre, ella solo buscaba aspectos llamativos, especiales. Se detuvo en las palabras que le llamaron la atención pero no para saber el contexto, solo para asegurarse que eran esas palabras y para recordar que en todo lo que había leído estaban esas palabras. Así podría calificar y determinar si leería esa pagina y media (maleducadamente analizada), en ese momento o después.
Se detuvo en: te odie, no puedo odiarte, envidia, radiohead, cinéfilo, abrazados en el taxi. Le gusto la frase: “fumaremos todos los cigarrillos que quieras pero nunca bailaremos”.
Le siguieron: fantasía, sexo (donde se detuvo) y la carta continuo con: te desee.
La Carta:
Te desee cuando él te deseo, te desee más de lo que él te deseo. Te desee más por que desee algo que no era ni remotamente mío. No me sentí mal por Roberto, por que puse mis sentimientos primero. Puede sonar muy egoísta, insensible, hasta inapropiado… pero por eso fue que espere a que llegara ese día, ese ambiguo día que a algunos nos izo tan felices pero que para otros significo el fin del mundo. No quiero que pienses que estoy enamorado de ti. Creo que esas cosas (en la situación en la que estamos) no suceden. Pero si me gustas, me gustan también los momentos que generas. Es solo eso, gusto y empatía. No propongo nada, solo te detallo las cosas. No espero nada, deseo solamente. No, ya no, ya no deseo nada, ahora no. No puedo desear algo si llego a mandar esta tonta carta, un buen personaje menciono que las cartas importantes se tienen que retener por lo menos tres días. Todo el ambiente vil, “traicionero”. Todo se perdería. Así que si estas leyendo estos últimos renglones es por que decidí que era mas sano para mí el que estés informada. O por que también existe la posibilidad que sea un tipo muy pervertido que disfrute sabiendo que por lo menos va a lograr hacer que pienses en él y en las situaciones y momentos que tú le regalaste a través de su amigo.
Ja ja ja ahora releo la carta y ya no puedo distinguir que emociones son exactamente las que expreso, pero de seguro te he distraído en algo o te habré hecho reír. Cuídate.
Ahí nos vemos…
Christian Martínez Alba
Nadia se levanto y de debajo de su cama saco una caja de zapatillas. Puso las fichas de los personajes y la carta de Christian junto a la carta de su hermano y la carta de Francisco. Cartas que llegaron los pasados martes y viernes respectivamente. Carta de su hermano que empezaba con el poema 21 de Pablo Neruda. Carta de Francisco que tenia como primera línea: “No sé como decir esto, pero me gustas”
Miro todo junto, se rió despacio, cogió el teléfono y llamo a Eduardo (un cuarto tercero que ni Roberto conocía) – ¿Puedes recogerme? Tengo entrenamiento a las 09:30am.
Sin medias, en interiores, con un polo viejo y desteñido, sus cabellos sujetos con una liga formando una cola de caballo. Toma un vaso con agua y dos pastillas para controlar su fase mixta del trastorno, una de risperidona y la otra de olanzapina. Busca el desayuno que como es habitual esta servido en la mesa de diario, en la parte oeste de la cocina. Los huevos y las tostadas están cubiertas con otro plato para tratar de mantenerlas calientes. Esto fue eficaz por 15 minutos, pero ya había transcurrido una hora y Nadia descubrió un desayuno frío y un plato con gotitas de agua en su interior. Agarro el café junto a los huevos y las tostadas y metió todo al horno de microondas. De regreso a la mesa vio un sobre que no había notado momentos antes. Tenia su nombre, el remitente le era familiar: Christian Martínez Alba, sobretodo los apellidos. Esboza una sonrisa. Bip Bip Bip suena el horno de microondas, el desayuno esta caliente otra vez. Deja el sobre en la mesa mientras se dirige a recoger los huevos las tostadas y el café.
Se limpia la boca con una servilleta. Son las 08:52am tiene que limpiar los platos y la taza. Vuelve a revisar el sobre, lo abre mientras se reclina con la silla apoyando el espaldar contra la pared y quedando suspendida parcialmente en el aire, con las patas traseras de la silla en el piso - este es un hábil movimiento – piensa – no creo que muchos puedan hacerlo.
La Carta: en una hoja bond A4 con lapicero azul. Doblada dos veces. Letra pequeña, corrida pero con algunas letras en imprenta. Nadia no se fija en esos detalles. Tampoco percibe que todo lo escrito esta en líneas ordenadas. Como si se hubiese puesto una hoja rayada bajo el papel para que sirva de guía.
Nadia… me gusta mucho ese nombre. Pero supongo que antes de que me gustara el nombre, me gustaron los personajes que lo usaron. En tu caso fue al revés, pues en ese momento a mi ya me gustaba tu nombre antes de que me gustases.
Nadia volteo a ver la hora en el reloj del horno microondas 08:54am. Doblo la carta en dos, no por los pliegues ya existentes, fue brusca y doblo como pudo doblar. Retorno con la silla a una posición más estable para poder levantarse e irse a su cuarto. Subió corriendo las escaleras con la carta y el sobre en la mano izquierda. Entro al cuarto para tumbarse de frente en la cama.
La Carta:
No sé cuan extraño puedas tomar esto, prefiero creer en que vas a poder entender el punto de vista que quiero plantearte. Prefiero creer ilusamente en que las cosas en esta situación, van a terminar, bueno en realidad van a empezar, como he pensado.
Roberto es amigo mío…
Nadia levanto una ceja en un falso ademán de asombro. Trato de ubicar mentalmente al personaje que supuestamente escribía la carta. Recordó a Roberto, recordó las historias de Roberto, en las historias ubico al amigo, solo en las historias pues nunca lo llego a conocer. Reanudo la lectura.
La Carta:
Roberto es amigo mío desde hace años, desde antes que él te conociera, desde antes que yo te conociera… nunca me has visto, nunca te he visto. Te conocí por sus palabras.
En un principio nosotros, los terceros (irónicamente solo éramos tres), escuchábamos las afanosas narraciones de Roberto. Francisco, mi hermano y yo. Francisco acompaño una vez a Roberto a tu casa, de repente lo recuerdas: alto, cabello lacio, tez clara, muy diplomático el chico. A mi hermano lo conociste en el concierto de octubre. Fuiste con Roberto a la zona baja de las graderías, casualmente él también fue, se llama Claudio ¿ya lo recuerdas? Más alto que Francisco, cabello con bucles, tez clara, sonrisa perfecta.
Nadia recordó a los tres terceros y a Roberto – Roberto – dijo en voz baja y completó la relación de descripciones que había empezado a detallar Christian Martínez Alba: - muchacho de huesos fuertes, de gruesos dedos. Un tipo no delgado y moreno. De anteojos, con claros intereses por los juegos de rol y la animación japonesa – Determinó que por una cuestión de justicia equitativa Christian Martínez Alba también debería ser descrito como sucedió con los otros. Bajo la misma premisa también debería estar descrita ella. Así que en un arrebato por la justicia equitativa (pero en si por la necesidad de satisfacer su hobby con el dramatismo) agarró lápiz y papel y creo las fichas de los personajes. – Nadia, dos puntos – declaró en voz alta – muchacha de veinte años, con algún desorden de personalidad, específicamente: Trastorno Bipolar, lo que la hace más interesante e impredecible. Con clases de nado sincronizado todos los martes y jueves por las tardes, y algunos domingos como hoy, por las mañanas. Cabello corto hasta las mejillas y una carrera truncada en la universidad. Autor favorito: Pablo Neruda. Y bueno creo que ya es mucho sobre mí. – Transcribió todo lo declarado y en papeles individualmente separados se encontraban: Claudio con una cara sonriente, Roberto con una cara triste, Francisco con una cara nerviosa y Nadia con un lado de la cara triste y el otro sonriente. Christian Martínez Alba no tenía ficha. Nadia no recordaba alguna descripción detallada o información útil dada por Roberto en sus historias. Recordó que lo hacia mención en varias ocasiones pero nada más. Miro el reloj 09:07am. Volvió a leer.
La Carta:
Bastaron menos de dos meses, no sé exactamente cuando fue, pero llego un momento en el que quise conocerte, en el que solo quería hacer lo que Roberto no se atrevía ha hacer. Quizás no fue eso… Era sentir lo que él sentía.
Y no tienes idea de todo lo que pude crear en esos treinta y seis segundos. Tantas ficciones… ¿Cómo es que puedes planear seis horas de interrelación personal? Cada gesto, las palabras, las preguntas y respuestas, cavilaciones, negativas, evasiones. Planeaba movimientos, sensaciones.
El Reloj:
09:09am.
Comenzó a pasar líneas y así como alguien busca a una persona en especial, de forma apurada y en medio de una muchedumbre, ella solo buscaba aspectos llamativos, especiales. Se detuvo en las palabras que le llamaron la atención pero no para saber el contexto, solo para asegurarse que eran esas palabras y para recordar que en todo lo que había leído estaban esas palabras. Así podría calificar y determinar si leería esa pagina y media (maleducadamente analizada), en ese momento o después.
Se detuvo en: te odie, no puedo odiarte, envidia, radiohead, cinéfilo, abrazados en el taxi. Le gusto la frase: “fumaremos todos los cigarrillos que quieras pero nunca bailaremos”.
Le siguieron: fantasía, sexo (donde se detuvo) y la carta continuo con: te desee.
La Carta:
Te desee cuando él te deseo, te desee más de lo que él te deseo. Te desee más por que desee algo que no era ni remotamente mío. No me sentí mal por Roberto, por que puse mis sentimientos primero. Puede sonar muy egoísta, insensible, hasta inapropiado… pero por eso fue que espere a que llegara ese día, ese ambiguo día que a algunos nos izo tan felices pero que para otros significo el fin del mundo. No quiero que pienses que estoy enamorado de ti. Creo que esas cosas (en la situación en la que estamos) no suceden. Pero si me gustas, me gustan también los momentos que generas. Es solo eso, gusto y empatía. No propongo nada, solo te detallo las cosas. No espero nada, deseo solamente. No, ya no, ya no deseo nada, ahora no. No puedo desear algo si llego a mandar esta tonta carta, un buen personaje menciono que las cartas importantes se tienen que retener por lo menos tres días. Todo el ambiente vil, “traicionero”. Todo se perdería. Así que si estas leyendo estos últimos renglones es por que decidí que era mas sano para mí el que estés informada. O por que también existe la posibilidad que sea un tipo muy pervertido que disfrute sabiendo que por lo menos va a lograr hacer que pienses en él y en las situaciones y momentos que tú le regalaste a través de su amigo.
Ja ja ja ahora releo la carta y ya no puedo distinguir que emociones son exactamente las que expreso, pero de seguro te he distraído en algo o te habré hecho reír. Cuídate.
Ahí nos vemos…
Christian Martínez Alba
Nadia se levanto y de debajo de su cama saco una caja de zapatillas. Puso las fichas de los personajes y la carta de Christian junto a la carta de su hermano y la carta de Francisco. Cartas que llegaron los pasados martes y viernes respectivamente. Carta de su hermano que empezaba con el poema 21 de Pablo Neruda. Carta de Francisco que tenia como primera línea: “No sé como decir esto, pero me gustas”
Miro todo junto, se rió despacio, cogió el teléfono y llamo a Eduardo (un cuarto tercero que ni Roberto conocía) – ¿Puedes recogerme? Tengo entrenamiento a las 09:30am.
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cuento corto.- Papeleo
Historias extrañas ocurren siempre en estas oficinas, pero ninguna se compara a: la princesa de los cubículos. Delgada, piel morena y de pelo negro, corto pero largo, usted entiende: el punto inclasificable en el que los adjetivos solo dependen enteramente del subjetivo de la persona.
Si pues, y ella caminaba entre los cubículos destruyendo sospechas con su belleza. Pues que acaso no es obvio: quien pensaría que la princesa tenía tremendo fetiche.
El papel higiénico, de verdad señor el papel higiénico; se agachaba como a quien se le cayo el lapicero y mientras todos miraban la minifalda correr, ella buscaba en los cubos de basura.
¿Una historia de entre miles no? Pero verdadera. El trabajo de cajera (con el que empezó) lo obtuvo por su tía, y quien sabe… a lo mejor esta también tenia algo contra el papel, no losé, pero definitivamente sabia como moverse, pues ya a sus cuarenta y tantos aun seguía en la oficina, y ahora en la de Lima. Si el banco contrata a estas señoritas por el periodo de cinco años por que no quiere pagar seguros, beneficios y más, esta señora había roto las reglas con más de cuatro infracciones (contando una por cada cinco años de servicio) al usual actuar del banco respecto a sus empleados, en verdad tenia que ser alguien especial. Así que la niña, con semejantes referencias tendría que ser seguramente algo especial.
Era una buena inversión para el gerente, cumplía con su “trabajo”, y mantenía despiertos a los clientes y empleados. Pero por favor con esto no quiero que piense que la chiquilla era una especie de idiota en el cuerpo usual de las idiotas, porque no lo era. Ascendió a plataforma después de ocho meses de ser cajera, los de arriba consideraron que seria una buena motivación para los posibles clientes. Y si bien no demostraba su inteligencia o astucia, estoy seguro que la tenía, alguien así de interesante (fetiche al papel higiénico) tiene que ser inteligente, por lo menos el beneficio de la duda no ¿?.
Todos los días la recogía su señor enamorado, que también era un chiquillo con ganas de crecer, ¡y hasta conducía el muchacho! Si… ella se iba feliz con él, sin importarle cuantas miradas tristes dejaba a su paso. Tenían que hacer lo propio, en la camioneta azul o quien sabe donde, pero aplazarlo era casi imposible. Mi descubrimiento le causo perjuicio al enamorado, no era mi intención, no es leal no es correcto, pero era mi premio (algo así dijo ella en voz baja) por comprar mi silencio. Aquel día me quede en mi cubículo un poco más que de costumbre, la mayoría se fue a almorzar al snack de a lado, y los demás no se a donde. Ella en su ignorancia, comenzó su rutina. Cuando se dio cuenta de mi presencia, miro mi rostro sorprendido sin ninguna expresión de asco, decidida se dirigió a mí casi de rodillas: creo que podemos arreglar esto… Yo encima, viendo un rostro lleno de papeles y escuchando sonidos de los más extraños y exóticos empecé a borrar mi memoria.
Ahora se por su cara, que la historia ya le importa, y será aun mas importante cuando le confiese que no termina, por que todavía trabaja en el banco.
Si pues, y ella caminaba entre los cubículos destruyendo sospechas con su belleza. Pues que acaso no es obvio: quien pensaría que la princesa tenía tremendo fetiche.
El papel higiénico, de verdad señor el papel higiénico; se agachaba como a quien se le cayo el lapicero y mientras todos miraban la minifalda correr, ella buscaba en los cubos de basura.
¿Una historia de entre miles no? Pero verdadera. El trabajo de cajera (con el que empezó) lo obtuvo por su tía, y quien sabe… a lo mejor esta también tenia algo contra el papel, no losé, pero definitivamente sabia como moverse, pues ya a sus cuarenta y tantos aun seguía en la oficina, y ahora en la de Lima. Si el banco contrata a estas señoritas por el periodo de cinco años por que no quiere pagar seguros, beneficios y más, esta señora había roto las reglas con más de cuatro infracciones (contando una por cada cinco años de servicio) al usual actuar del banco respecto a sus empleados, en verdad tenia que ser alguien especial. Así que la niña, con semejantes referencias tendría que ser seguramente algo especial.
Era una buena inversión para el gerente, cumplía con su “trabajo”, y mantenía despiertos a los clientes y empleados. Pero por favor con esto no quiero que piense que la chiquilla era una especie de idiota en el cuerpo usual de las idiotas, porque no lo era. Ascendió a plataforma después de ocho meses de ser cajera, los de arriba consideraron que seria una buena motivación para los posibles clientes. Y si bien no demostraba su inteligencia o astucia, estoy seguro que la tenía, alguien así de interesante (fetiche al papel higiénico) tiene que ser inteligente, por lo menos el beneficio de la duda no ¿?.
Todos los días la recogía su señor enamorado, que también era un chiquillo con ganas de crecer, ¡y hasta conducía el muchacho! Si… ella se iba feliz con él, sin importarle cuantas miradas tristes dejaba a su paso. Tenían que hacer lo propio, en la camioneta azul o quien sabe donde, pero aplazarlo era casi imposible. Mi descubrimiento le causo perjuicio al enamorado, no era mi intención, no es leal no es correcto, pero era mi premio (algo así dijo ella en voz baja) por comprar mi silencio. Aquel día me quede en mi cubículo un poco más que de costumbre, la mayoría se fue a almorzar al snack de a lado, y los demás no se a donde. Ella en su ignorancia, comenzó su rutina. Cuando se dio cuenta de mi presencia, miro mi rostro sorprendido sin ninguna expresión de asco, decidida se dirigió a mí casi de rodillas: creo que podemos arreglar esto… Yo encima, viendo un rostro lleno de papeles y escuchando sonidos de los más extraños y exóticos empecé a borrar mi memoria.
Ahora se por su cara, que la historia ya le importa, y será aun mas importante cuando le confiese que no termina, por que todavía trabaja en el banco.
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